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BL BAXaatr- BOtTKBON DE l A NUEVA HBVIiSTA DM. FOMBS- KESROfeRE hablan de los próximos combates de ¡boxeó. -Con esta trama, que someramente acabamos. de j erfilar, ha escrito el gran autor teatral Lenormand, UTIA obra qué con el título El ocaso del teatro se ha estrellado en el esctfnarjo parisino de Jas Artes. Hemos prescindido de recoger los episodios y las incidencias esceniíficadós por el autor para esmaltar su cá ra, porque la finalidadúnica y exclusiva de Leiiormand, esta vez ha sido la de teaitralizar una diatriba contra los que viven del teatro sin escrúpulo, y una elegía a la decadencia en que yace en la actualidad- -y en términos genera les- la escena francesa. Lenortnand se ha mostrado duro, implacable y pesimista; Un aspecto curioso a señalar es el de que ésta vez, acaso para predicar coii el ejemplo, el autor ha puesto en práctica, con motivo del estreno de El ocaso del teatro, uno de los remedios que, en su opinión, y en la de niucfhos, podrían mejorar su situación material. Lenoimand, en efecto, ha constituido una cooperativa con sus in rpretes, y con ellos, según un porcentaje equitativo, se reparte los beneficios supriíniendo asi Eimipresa e intermediarios. Al frente del grupo dt intérpretes que acompañan al ilustre autor en esta campaña, figuran Henri Rollan, Rc er Gaillard y Sanjson Fainsil- ber. A fei obra de Lenorrriand sucederá La Gouvernante, de Francois Porchet y Mm Simone. Con ella esta famosa actriz debuta, con su alarido, como autora. Sadia Guitry, a quien ha sido dedicada la obra y que h. pondrá en escena, ha cambiado su tííalo ¡por el de Un rey, dos damas y un paje. MÍCTrtras aguardamos a conocer, ctm toda siin tiá, el resultado de esta empresa co operativista de Lenormand, bt eno será hacer constar que en el mismo momento en que da a conocer í ocaso del teatro, la grandes éxitos provechosos en los teatros de P a m corresjpondén, no a las grandes obras de ambicioso aliento y de tnspiracióo artística, sino a las operetas frivcáas, a las alegres revistas, a las obaras ligeras. Bastarán tres ejemplos: 3i ra ¿rí eii él teatro M fador; La Criolla, por Josefina Batker, y Femmes en folie, en el FWieS Bergére. Mandrin es, ni más ni menoS, que Jo que en España podríamos llamar el bandido generoso En el Délfinado, fué- durante muchos años figura j opular y temida, at reolada col) el prestigio del mito y la gracia de las leyendas. Robsiba a los ricoí favorecía a los pobres; a su modo administraba justicia simplista y expeditiva. Galante y enamorado sabía dar, en ocasiones, a la a idacia de sus aventuras rapaces, una