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EL O C A S O DEL TEATRO L autor siente el desaliento que sucede a los grandes esfuerzos inútOes. Las obras nonestas, las iniciativas de gran envergadura, los propósitos de renovación, los grandes inventos bien orientados y nobilísimos, mueren en la indiferencia del público, al que Uqgan mancillados ya por la codicia y la mezquindad, por la barbarie artística de Einnresas e intermediarios. Un mundo heteródito y diverso, coincidente s o en su despreocupación por el verdadero arte y en el que pululan, medrando, aventureros del amor, empresarios de ocasión, advenedizos audaces y financieros sospechosos, se ha apoderado del teatro e in osibilita con su torspe conciq ísicencia, on su desdidbada acción, obediente a ba- E j a s apetencias ajenas al arte teatral, toda posibilidad de regeneración, toda acción renovadora. De concesión en concesión, en una profanante sucesión de mutilaciones, ante la reiteración de claudicaciones lamentables y dé errores cometidos al servicio de intereses personales, el autor ve desfigurada su obra, 1 público no se interesa, y el teatro se hundie cada vez más en la lamentable realidad de una crisis profunda. Ni el éxito llega, ni el fracaso alecciona. Pero, mientras tanto, el teatro agoniza. Resaltan ineficaces y baldíos todos los esfuerzoí bien intencionados y generosos que realizan los verdaderos artistas. Así se explica la situación de penuria y JOSEFINA KBTRATO JSAKBK