Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
otros esclarecidos escritores, que no quisieron o lo lograron aventajar el mérito de su primera obra- que ésta no era original, sino venida casualmente a sus manos y dada a la estampa con impudencia. Y la insidia crecía como el jaramago en los muros de los edificios abandonados. Sin embargo, Olara no se atrevía a rectificar. ¿Cómo inclinarle a escribir, después de haiberle disuadido tantas veces? x Cómo interpretaría Paco el cambio de criterio? Y si volvía al asunto de la segunda novela, qiue dormía fragmentariamente en los entresijos del buró? Una circunstancia oportunísima vino a resolverle la dificultad. Era una carta de Madrid. A la gratitud que le tuvo en vida siguió la veneración de Arenillas a la memoria del Mecenas. Por eso, cuando los hijos de éste trataron de glorificarla públicamente, Paco se ofreció en absoluito, sin limitación ni salvedad. Le solicitaron la adaptación escénica de JJwi mujer! para la solemnidad inaugural del teatro! que perpetuaría el nombre del literato insigne; y él les ofreció, por consejo de Clara, una comedia original: Remansos de lus, cuyo boceto escribiera años atrás para una función a beneficio de los pobres. Y se puso a trabajar afanosamente. Tres meses después, justamente al cumplirse siete años de la aparición de Una mujer! volvieron a sreniir las prensas en honor de Arenillas. El éxito de la comedia fué rotundo, completo, definitivo; de los que ciertas carteleras destacam con los términos artilleros bomba y cañón. El dramatuirgo había epatado al novelista. La crítica rivalizaba en el elogio y coincidía en lamentar la apatía imperdonable, la escasa actividad del autor. Una revista festiva le echaba la cuenta de la producción por días y palabras, como los anuncios económicos. El público, generoso y cordial, llenaba todos los días el teatro. Clara paladeaba a todo sabor laa mieles del éxito. Asi. stía a todas las representaciones leía y releía los periódicos que hablaban de la obra. Admiraba y quería más al esposo; pero seguía estando celosa de su popularidad. La obligarla y afectuosa relación con los artistas habíale desvanecido ciertos prejuicios respecto a la vida del teatro. No olvidaba la sentencia que un actor de autoridad y de años pronunció cierto día que vino a cuento el comentario: El teatro es un fanal (Jue, generalmerrte, lo empaña el ambiente exterior. Pero, bien a su pesar, seguía celosa. Los amigos del autor le preparaban una fiesta homenaje, pero veinticuatro horas antes apareció en los periódicos una carta de Arenillas, en la que declinaba el honor por la necesidad imiperiosa de ausentarse. En algunos de los comentarios se insinuaba la sos! echa de que el ilustre autor abandonaría su carrera literaria. La noche antes haWa ocurrido en el hotel la siguiente brevísima escena: Una joven de porte y modales distinguidos avanza resuelta hasta el ángulo del hall donde conversa el matrimonio. ¿D. Francisco Arenillas? -pregunta tendiéndole la fina mano engimníada, Servidor. -Es un gran honor para mí el saludarle. Amantina Plaza, su admiradora y... amiga. -Muchas gracias. Muy amable. (Presentándolas) Mi esposa... La señorita Amantina Plaza... (las mujeres cam. bian un saludo ceremonioso) -Tenga la bondad de sentarse. -Gradas. Me maircho. -M menos, dígame qué desea. Nada. No puedo disimular. La felicito, señora, por ser la esposa de tan distinguido escritor, y por estar aquí. Yo sov una mujer independiente: pensé que el Sr. Arenillas sería también libre, y venía por él. Usted tiene más derecho. Usted liego antes. ¡Buenas noches! Y salió, dejando a la pareja sorprendida y absorta. Temando Garda Jímeno. (DIBUJO DK S 0 L. I3 AVILA)