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0, trz drados en un marco de incomparable l elleza agreste; cua do el día acaba y la noche enipieza, es que hemos entrado en la estepa. Pero los buenos fineses que pueblan estas tierras cubiertas de azul y verde no quieren mii ar las sonibras vacilantes de la inmensa llanura que se extiende hasta las vertientes del Caucase. Ellos prefieren la claridad de (Kcidente; allí están sus costas, llenas de entrantes y salientes; allí están sus fio- rds. de aguas rizadas; sus archipiélagos, llenos de pálidas floraciones ue emergen de las rocas de cristal: y, siguiendo un poco más al norte, las banderaü blancas de la cordialidad enarboladas por los legendarios wikingos noruegos y suecos. En oriente las banderas son rojas; por allí asoman las cuatro letras que quieren clavarse como un anagrama en Ioslagos de Finlandia: ü R. S. S. occidente es la luz; oriente, la amenaza. Ya hace c e r c a de veinte años qilie ¡éste Gran Ducado deiFinlañdia dejó de ser Gran Ducado, pero continúa siendo Finlandia, y hace más de veinte años que Olga y Tatiana contorr (plaron por JM últinüa vez -stB t i N, í V: t UIÉN designó a estos hermosos parajes de la zona septentrional con el nombre evocador de país de los mil lagos Algún poeta, sin duda, porque tan bella expresión carece de exactitud Cerca de cuarenta mil son los reniaiusos que sirven de espejo al cieilo de Finlandia; cerca de cuarenta mil los reflejos que en la caída, de las tardes septentrionales iluminan da tristeza gris de la inmensa estepa rusa. Porque la estepa empieza allí cerca, al Oriente de Finlandia; cuando hemos dejado atrás el contorno poético del último lago, con su guardia permanente de pinos centenarios; cuando los últíjnos bos (jues de abedules y altótos quedan a nuestra espalda encua- Q UNA ISLITA SrrUADA ¡EN BU CBNTB B I 1 MSf IJKOOHK 3 PIBDRAS S B LEVANTAN IJVS CT 4 N T E N A R I A S T E! t, MONASTKKIO VAtAMO QUE BNCIBRKAN OCHO S I GI. OS HISTORIA If