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LUCES B E HOY. lA MADHILESISIMA C A l i í l K E ALCALÁ, TREPIDANTE DE NOTAS ELECTEICAS. (FOTO V. MURO) tenía nunca prisa y se apoltronaba perezosamente en las chocolaterías de la calle de A lcalá, en los cafés de la Puerta del Sol y en las tabernas de Emtiajadores. Treinta y seis años más tarde Madrid tendría- casi totalmente edificada una Gran Vía, centro y agora de la electricidad, en la que triunfarían los rótulos luminosos, entre estridencias de claxons y siluetas cinematográficas, llenando de una luz nueva y espectacular los viejos solares de aquellas sórdidas callejuelas con prenderías, memorial stas, etc. viñeta vagarosa del viejo Madrid borrada en la metorfosis mundial que trajo la gran guenra. Estas luces gigantescas de hoy, que trepan aiidazmente por la verticalidad de los rascacielos, altunbran el nuevo Madrid, en el que es ya un gran anacronismo el recuerdo de aquellas farolas de Fernando VII, que tenían la pretensión de iluminar los alrededores de la Cibeles, y de aquellas otras farolas de Palacio, que el romance popular encresponó el día en que se abatió para siempre la belleza pálida y bondadosa de la Reina Mercedes. E stas luces gigantescas de hoy alumbran el centro de Madrid, donde tiene su mejor expresión esta hora eléctrica de las grandes ciudades, constantemente renovadora de perfiles y de costumbres, de colores y de siluetas. Desde los terrados donde se trenzan los hilos de esta iluminación, el Madrid viejo es como una ingenua y renjota edificación infantil tendida a lo largo de un tablero con musgo y con espejos simulado- Tes de ríos; de un Madrid que, a pesar de esta orgía de luz en sus calles nuevas y en las lue sin ser ntievas tienen gracia y ejecutoria de primaciales, está casi tan pobremente alumbrado, tan distanciadas unas farolas de otras y tan insignificantes éstas como cuando el corregidor Pontejos sintió Ja vet üenza de ver con tan pobre ikiminación la capital de España. Temando Gastan Palomar