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o no las calles con gas, cuyo. primer ensayo se h a b í a e f e c t u a d o en 1832, con motivo del nacimiento de la infanta, en la plaza del líeal Píalacio y en las calles d e Alcalá, Montera, Carmen, Arenal, Mayor, Carretas, Carrera de San Jerónimo y Buerta del Sol. Quince años más tarde, el alumbrado dé gas iba conquistando las calles de Miadrid. Mecheros de gas tuvieron en seguida el paseo y la calle del Prado y la hoy tan olvidada calle del Lobo, cuyo aspecto fué tan g a n a n c i o s o con esta i l u m i n a c i ó n que el Aj untamiento convino en 1849, con la Compañía del gas, el alumbrado de toda la villa, mediante una canalización a plazos, cuya fecha final era la de 1853, Pero aquel alumbrado se apagaba a las once, desde cay hora Madrid tenía unas noches, si éstas no eran de plenilunio, t r i s t e mente obscuras y propincuas a todas las fechorías de los malhechores. Y fué una gran sorpresa y una gran alegría aquella disposición m u n i c i p a l de r %4 que mandaba tener el alumbrado encendido durante toda la noche, hubiera o no luna, pero fué también una angustiosa inquie- UNO DH LOS TFAKOIiüS DE CAS QITE TODAVÍA. SE ASOMA Si A ESTAS CASTIZAS BSTAUiPAS BAKSIOBAJSBAS tud saber que este vistoso refinamiento iba a costar nada menos que Electricidad. 2.3821. loo reales al año Y antes de que este mismo siglo h u y a ¡Cuánto dinero esto de que Madrid dejahabía de surgir en la Puerta del Sol, como ra de ser un poblacho! En 1875 M 3. drid tenía 4 50 faroles de queriendo burlarse de la catarata de esgas, distribuidos así: distrito de Palacio, pejos del café Universal, de la cristalería 7 S Universidad, 265; Centro, 326; Hos- traquetreante de los tranvías de nmlas y de picio, 233; Buenavista, 903; Congreso, 576; los espejuelos que vendían los ópticos amHospitail, 316; Indusa, 169; Latina, 265; bulantes, el primer globo de luz déctrica, Audiencia, 400; más 61 de carácter extra- que fué ahí, en la gran plaza, como el anunordinario. Y sobre esta iluminación de gas cio, (radioso y solemne, de que iba a entrar, contaba la capital de España con 680 fa- dinámico, trepidante, él siglo de la electriroles de petróleo, inusitado alarde de cla- cidad, que llenaría de luces nerviosas, de ridad quíe causaba n insólito asomibro a luces policromadas, de luces vibrátiles, el quienes aún habían conocido el Madrid sin centro de Madrid, de un Madrid que ni adivinarse podía entonces, cuaTido la vida no ItKes M comienzo del siglo.