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LUCES DE MADRID DE LAS LAMPARILLAS DE LOS RETABLOS A LOS RÓTULOS ELÉCTRICOS Lamparillas. tJBo un tiempo- -el tiempo heroico de la capa y 4 a espada- -en qoie Madrid no tenía más ilaniinación que la de las tristes lamparillas que colgaton ante los retablillos de los esquinazos, lívidas iuminajrias votivas que apenas se percibían en la densidad de somjbras de la noche. La orden para que se pusieran luces en los balcones de los cuartos principales se cumplía muy ronceranlente o no se cumplía. Eran may pocas las casas que dabain a Madrid ese aspecto de fiesta fantasmal que por entonces tenían otras capitales europeas, con los farolílíos colgados en los herrajes, poniendo una claridad pajiza en las fachadas y dejando, en camibió, que se apretase de sombras la calzada de cada calle; Esto en las noches sin luna, que en las otras ahorraba el vecindario lia parva ilumiinación de sus balcones, aunque a las diez de la noche disipara un nublado la luz lunar y quedase Madrid totalmente a obscuras. Pero así era la disposición del tiempo de los Felipes, que apenas se cumplía al mediar el sigilo galante, cuando las sillas dé manos iban precedidas, durante la noche, de lacayos que portalón hachas de viento, y los H ¡palacios primaciales tenían en sus pórticos tubos para apagar esas antorchas. Digo que era el siglo galante, porque eso han asegurado los panegiristas de las reales veladas en el Buen Retiro- -acentos de madrigales, giros de pavanas, trepas de encajes, pompas de miriñaqties, tiesas gorgueras, plumas fanfarronas, abanicos miniados pero la ausencia de diaposiciones urbanas no era, ni mucho menos, positiva cooperación a tal galantería. Porque es lo cierto que no había sumideros y que los vecinos, tan ipronto conjo cerraba la noche, arrojaban por sus telcones, al grito de ¡Agua va! -y a veces sin grito ninguno que avisara el peligro- -todas las inmimdiciasdel día, bárbaro atentado, no a la galantería, sino a todos los rudimentos de la higiene y del buen tono. Y í nio el tercero de ios Carlos traía un afán de buen tono, es claro que puso fin a esa costu n bre y, además, encargó a) l Ayuntamiento que se preocupara del alumbrado público, misión que el Concejo aceiptó laediante un inípuesto de 64 reales por año a cada casa. Así tuvo Madrid su primer alumibrado oficial, que lucía solamente durante seis mese. s- -del 15 de octubre al 15 de abril- ASI t R U f LOS PRJMiTIVOrS FASOLES. I E MAOKir COMO ESTE QUE ALU MBBABA, t N LAS NOCHES SIN LUNA, LA PLAZA DE LAS SALESAS. (REPRODUCCIÓN DE V MUBO)