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o a la escasez de comunicaciones, sino a su situación, algo apartado de las grandes rutas que irradian de Londres, débese que la ciudad de Canterbury y su histórica Catedral sean conocidas por un número relativamente escaso de ingleses y de extranjeros. Canterbury se encuentra a unos noventa kilómetros al Sudeste de Londres, no lejos de las célebres playas de Márgate y Ramsgate, famosas tanto por sus saludables brisas como por las muchedumbres de veraneantes que a ellas afluyen desde los barrios populares de Londres: cerca de la bahía de Whitstable, criadero de las ostras mejores y más caras que s conocen en el mundo; y de los campos de qolf de Sandwich y de Deal, clasificados entre los primeros de Inglaterra. Una buena carxetera y numerosos servicios ferroviarios van desde Londres a la ciudad, por la que se pasa con sólo desviarse ligeramente en el viaje desde Dover a la capital. No obstante lo cual, y f i- N aparte de los turistas norteamericanos, que por cultura o por rutina, incluyen la visita a Canterbury entre los números obligados de su primer programa en Londres, pocos son los que dedican un dia a admirar esta Catedral, única entre las británicas que durante la Edad Media alcanzó un renombre comparable al de Santiago de Cpmpostela. Los peregrinos medievales iban a Canterbury para rezar ante la tumba de Santo Tomás a Becket, él Lord Canciller y Arzobispo, que por defender los derechos de la Iglesia contra las ambiciones del poder temporal, sufrió el martirio al pie de su altar. Murió asesinado por Fitzurse, de Moreville, de Tracy y le Bret; éuatro emisarios del Rey Enrique II, quien después hizo penitencia por su sacrilego crimen en el lugar mismo dopde se había cometido. Ocurría esto el año iiyo, en el templo románico edificado en tiempos de San Anselmo por los priores Ernulfo y Conrado. r- ARTE B E iJ. FACHADA SXJR DK LA CATEDRAL DE CANTERBURY, EN I J QUE SE OiESmVAN DISTÍNTOS PERXODOSi Í R Q U I T E C T O K I O R S