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tulos de bachiller en la maleta, en el bol, -y debajo, con letras negras pequeñstas. esta sillo poco más dinero que e! necesario adición, que nos pareció la más negra para matricularnos en los estudios de FaMEDIO KILO, SIETE PESETAS cultad, y frescos todavía en las mejillas y en el corazón los besos de nuestras madres, La misma desproporción del precio con nos instalamos en una casa de huéspedes, cuyos principios, aun siendo más sólidos y nuestros recursos avivó, como suele, el demás sanos que los de algunos de nuestros seo la curiosidad, que ejerce tan poderoso hombres públicos, carecían, sin embargo, del influjo sobre cerebros infantiles, se encarjugoso aliciente necesario para hacer olvidar gó de hacerlo irresistible. Casi sin hablar estuvimos de acuerdo: a nuestros estómagos juveniles las sabrosas ¡había que probar de acuello! creaciones de la cocina maternal Acto continuo, decretamos y realizamos Estoy seguro de que llevábamos en la corte un arqueo extraordinario, con rapidez de pocos días, porque recuerdo que no conocía- tramitación sólo exolicable por la total aumos aun smo un camino para ir a la Um- sencia de toda noJión del mecanismo adversidad, aunque no ignorábamos ya otros ministrativo, y hallándonos con algunas pemuchos por donde no se iba. setas más de las necesarias, emDujamos con Siguiéndolo, subíamos diariamente la calle resolución la puerta de la confitería, de la Montera y después de salir a ia Red Ni por un instante nos ocurrió la idea de San Luis, entrabamos por la calle del de preguntar lo que aqneUo era... No scDesengano que recorríamos confiados y ale- olvide que énamos estudiantes de leyes, y gres, leyendo y releyendo el terrible rótulo estudiantes madrileños... ¡no faltaba m á s! fijo en sus esquinas, con esa indiferencia Precisamente en una de las lecciones últidesdenosa que se dedica a la simbólica pa- mas, nos había hablado el profesor de Delabra cuando aún señaran algunos anos de recho romano de la Capitis dimimiHo... los vemte, y los treinta apenas se vislumNos dirigimos al mostrador, y arrojando bra: i en honzoiUes remotísimos. con majestuoso ademán cada cual un duro Kn la cera derecha de la calle titulada la sobre el duro mármol, pedimos a dúo, con calle de la Montera cumpliendo el bando voz que pretendíamos, y no sé si logramos, en seguidillas con que el alcalde Cantillana saturar de indiferencia ¡medio kilo. de pone fin a la famosa comedia de Narciso marrón! Serra, tenía por entonces instalado su estaAsí, de marrón, toul court; como si aquebleclmiento la Compañía Colonial y en uno lio fuese antiguo conocido nuestro, como de sus amplios escaparates se ostentaba en si estuviésemos habituados a verlo figurar primer término, una negra de bronce que en el cotidiano tnenú de nuestra respetable mostrando entre los labios, animados por su- patrona. gestiva sonrisa, sus dientes blanquísimos y Recogimos la vuelta, y saliendo, por fin, sosteniendo en sus brazos extendidos una a la calle, en posesión del codiciado paQU ebandeja repleta de confites y bombones de te, no sin hacerlo antes desaparecer en uno diversas clases, parecía brindar al transeún- de los bolsillos del que resultó tenerlos mas te con el disfrute de todo género de dul- amplios y desocupados, emprendimos de nuezuras, vo el rumlso de la Universidad. Golosos en extremo, como muchachos y El sentirnos dueños del acariciado conromo andaluces, aquella negra había atraí fite, contuvo, por de pronto, nuestra im do en machas ocasiones nuestras miradas, paciencia. Además, no habíamos de ir coaunque no dejaban ya de arrancamos al- miendo poí la caUe; corríamos el nesgo gunas, a hurtadillas, las blancas, que lige- de que alguien nos tomara por chicos de ras y vivarachas cruzaban detrás de nos- la escuela o cuando menos, por estudiantiotros, mientras en muda contemplación nos líos del Instituto, manteníamos ante el escajparate. Acordamos reservar aquéllo para postre Una mañana, nuestra impresión fué más de nuestro almuerzo; postre suplementario, viva y más intensa que de ordinario; los saboreado a solas en nuestro cuarto, donde confites habían sido renovados, v la consa- teníamos destinado a deposito de golosina bida bandeja aparecía totalmente llena de el cajón de una vieja cómoda, Para no abandonar el tema y respetar unos dulces o bombones de extraña forma cada resolución, nos dimos a conjeturar lo y tamaño mayor que el acostumbrado, en- que aquello sería, a lo que sabría nuestra vueltos cuidadosamente en lo que entonces, dulce compra. con candoroso optimismo de lenguaje, llaEra para nosotros indudable que se tratamábamos paoel de nlata. Del cuello de la ba de algún fruto exótico, extraordinario. negra pendía un tarjetón, en el que con j j gV j g ido del precio anunciaba grandes letras de colores estaban escritas o j oce astronómico; la estas dos palabras: singular asociaaón de ideas, MARRÓN GLACÉ nos hacía pensar en esas frutas tropicales