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En homenaje a la memoria del ilustre estadista que, dotado de una fina sensibilidad, prenda selecta de la elegancia de su espíritu, supo hermanar con las tareas del stobemante el culto á las bellas letras, reproducimos un trabajo aparecido hace cerca de cuarenta años en estas mismas páginas que seguramente recordarán con delect: -iOn sus lectores de entonces y ha de ser sabroso regalo para quienes no lo conozcan. Otro motfvci de emoción tiene el trabajo: el de estar ilustrado por el maravilloso lápiz de Méndez Bringa, a cuya Inolvidable memoria se rinde en esta casa un culto que el tiempo no puede extinguir. T E acuerdas, querido Enrique, de núes- sillos de estudiantes, tuvo consecuencias tra primera lección de francés? pneumáticas verdaderamente crueles. La recibimos al aire libre y a pr Por mi parte, no he olvidado un solo decio tal, que, si nunca pudiera tenerse por talle, corto, en aquel tiempo y para nuestros bolRecién llegados a Madrid, con sendos ti-