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I; El gobernador señor Morata, que no quiere pasar de puntillas por Madrid, como tantos otros Poiicios, sino que quiere hacerse oír, ha reprisado en los pasados días la interesante comedia en un acto y varios cuadros miseraWes, La recogida de mendigos, letra de la citada autoridad, y música. celestial. Con protestas de los receñidos, amparados por el público, que de este modo contribuye al fracaso de tan necesaria medida, los guardias de Asalto hicieron una redada por la Puerta del Sol y calles adyacentes, donde el pordioserismo actúa como turística atracción. Y como no todos los pobres oficialmente recogidos gustan de que se les impida el libre ejercicio de su industria, una de las más productivas de España, ¿por qué nó se establece, ya que el espectáculo párete inevitable, una contribución sobre la mendicidad callejera? ¿N o eS una industria lucrativa? Pues piense el señor Marracó que, crear un impuesto sobre ella, no fuera ninguna tonteríaFuera un saneado ingreso para la Hacíwida este nuevo arbitrio, exigido a la mendicidad, porque todos sabemos que la explotación de ia caridad es uno de los medios de vivir que más dan de vivir. La productiva industria pudiera ensancharse concediendo exclusivas de puestos y sitios para tender l a m a n o al sensible transeúnte, subastándose entre la pordiosería an dante aquellos lugares de más segura y más alta recaudación eii las calles céntricas, ministerios, bancos, iglesias de moda, hoteles concurridos, el C o i e s o con una prima en los días de debate político- -para los debates agrarios; presupuestarios, etc. se les haría una rebaja- -cWí y teatros a los que acudiera público. También podrían autorizarse quioscos especiales de mendicidad, con arreglo a un modelo de construcción- para que el ornato público no padeciese- -sometido a la aprobación del alcalde. En fin, es cosa de pensarlo, señor Marracó. Ya que no hay forma de extirpar esa lacra callejera, obténgase de ella un aprovechable rendimiento. Hay muchos méndigos que dan dinero a réditos, y algunos de esos profesionales de la limosna hasta viven en casa propia y con familia. Estos soíi gente desahogada, naturalmente. Y sobre todo, y por encima de todo, esto de la pobretería ambulante es de lo poco castizo iue nos va quedando. IMÍS Gabatdón. iJtmasoa DB OTBANO