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PERFILES HUMORÍSTICOS LA VIDA EN BROMA I GNORO si a la hora en que llegará a vuestras entumecidas manos este artículo frigorífico, se habrá liquidado ya la semana del duro... tiempo que hemos padecido, en el que hasta las famosas arpas de Eolo han tomado parte en el áspero concierto, o si por el contrario, nos sonreirá la más amable de las bonanzas, j Cualquiera se compromete a un pronóstico ni sobre esto íii sobre nada! Lo cierto es que en la semana fenecida, en casa, en la calle, en el café, en el teatro, en el Congreso, en cuantas partes asomábamos las congeladas narices nos preguntaban acto continuo: ¿Pero ha visto usted qué tiempo hace? Estas preguntas puramente españolas son tan inveteradas en nuestro modo de hablar, que el europeizador que de ellas nos europeizare, buen europeizador seria. Regresa usted de un viaje, y en cuanto le echa la vista encima un amigo, se apresura a preguntarle: ¿Ha venido usted? Con una extrañeza, que dap ganas de contestarle: -No, señor; me he quedado por allá una temporada, como usted ve. ¿Qué duda puede caberle a nadie de que vimos el tiempo que hacía, tan implable, que hasta en Alicante se heló la mojama, y los polvorones de la Campana de Sevilla se convirtieron en cemento? j Ni que estuviera uno ciego! Pero, en cambio, para los deportes de nieve ha sido magníficamente espectacular, porque ha nevado, así como suena- y eso que la nieve es silenciosa de suyo- -en casi toda España, la que sufrió los rigores de una temperatura tan baja como está hoy el equipo marxista. Pero el deportismo de la nieve ha borrado todos los senderos del tópico literario, figurín de otros tiempos, cuando la Na: turaleza hilaba el copo de la nieve- ¡vaya metáfora- En los buenos años del colorismo, una nevada solía inspirar a los cronistas bellas notas pictóricas, aunque naturalmente blancas... Pero a la hora de ahora, como se dice ahora, hasta el colorismo está de capa caída, y ya no hay quien se decida a rodar la bola de nieve sobre el campo de la fantasía. Ni siquiera se ha atrevido nadie a hablarnos una vez más de Pierrot y Colombina... ¡Ay... ¡Todo pasa! ¡Hasta aquellas baladitas, que parecían algo y eran unas cursilerías fusiladas del francés... Por fortuna, si todo pasa, como la serie de ministros de ritmo acelerado -que ya gozan de un pingüe ex- -que se han sucedido en un trienio, la Naturaleza y el hombre permanecen todavía en su puestoSigue nevando ahora igual que al principio del mundo: primero débilmente, luego con furia, en copos desiguales... Y el hombre continúa, a su vez, viendo nevar desde su casa, tranquilamente, o lanzándose, si aun le queda humor, a los deportes y a las artes que la nieve fomefita. Eso de que nos haya dicho la radio todos los días en los partes meteorológicos de la Sierra: Buen tiempo para esquiar... Los coches no llegan más que a! ventorrillo, nos parece de perlas, sobre todo para oírlo al calorcillo del radiador o de la estufa.