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Como el comido se negé a sc nlr las reglas del juego, tuvo qu reñir con d m e d w hasta la nesgad de Un transeúnte. -5 Contar veinte, caballero! j Vamos I mareo espantoso. Las libaciones y los gol- ¡Márchese! pes de su contriiicánte le habían producido- ¡T e n g a la bondad dé dejarme én paz! aquel estado. No podía dar un paso; sintió que las fuerzas le faltaban; pensó en que ¡Tenga la bondad de retroceder! tenia que llegar a su domicilio, fuera como- -i N o quiero! fuera... -li Pues a la fuerza! Se arrodilló, indinó el cuerpo, puso las Y de un empujón lo envió al arroyo. El transeúnte se rehizo de la sorpresa y arre- palmas de las manos en el suelo; comprobó metió contra Federico; éste se defendió con en un relánq ago de lucidez, que de otra un brío impropio de su estacio lamentable; manera le sería imposible avanzar... ambos cayeron al suelo y ambos se propinaI Y se fué con las cuatro a casa! ron golpes y más golpes, hasta la llegada dé un transeúnte que los separó, y de unos Leandro Blanco. guardias, que les condujeron á la Comisaría. En éste centro benéfico fueron atendidos por el funcionario de turno, que les pu- wroctKAFia. vmt, ÍHECHO RBAU so en libertad y con la proa hacia lin juitio ZA 2 A VO tjos spotamis ixé svce os D S DIARIOS ÜAXKRIUSROS X. DIS AKDllA, I FATMCIO PBERJ 5 de faltas. Ya en la calle, experimentó Federico un I A ir D. FERírANDO EEtKNAS. FOTOS V. UUBO)