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EL SUCESO DE LA SEAAANA LA OBSESIÓN DEL PARCHEESI El aue no sepa jugar al les, si no era acompañado del cubilete de parcheesi que no me lea. cuero y el dado numerado por las seis caBSRKARS SHAW. T ENIA la obsesión del parcheesi, ese juego estúpido que ha arraí íado i España tan profundamente, porque hace perder las horas sin esfuerzo mental en espera del capricho de la suerte sobre una cruz alfombrada de trastes de guitarra. Desde 1 aciago día en que Federit Cuenca Moreno aprendió a administrar la marcha de sus cuatro fichas sobre los c Jáíro campos de d i s t i n t o s colores c u b i e r t o s derayas transversales, quedó de tal manera, esclavizaba su voluntad por aquel endemoniado pasatiempo que ya no tuvo pensamiento para otra cosa que no estuviera relacionada con barreras, seguros, círculos de espera, entrar y contar diez, comer y contar veinte y todos los tecnicismos, en fin. de ese juego que sabe escoger sus víctimas entre las gentes de apariencia niás normal y de las que nunca podría sospecharse nada semejante. Justo es reconocer, y más aún consignar, para mejor servicio de la verdad etí este relato, que la obsesión del parcheesi no tenía carácter de exclusividad en la mente de Federico; otra obse sión le dominaba, quizá con tant fuerza como la anterior: la de beber coñac en cantidades apropia las para la exportación. Esta manía, a más de ser la causa de una eterna bruma londinense en su cerebro, exaltaba de tal modo su- obsesión número uno- la del parcheesi- que Federico no sabía hacer por la calle sus elegantes eses habitua- ¡Me lo be comido a usted, catMineio! raSj utensilios ambos que se emplean para el juego embrntecedor a que se ha hedhp referencia. Y el dado era el que regía todas sus acciones. Federico, de acuerdo con lá regla primera del parcheesi, que impide salir del círculo de espera y entrar en juego si no se ha sacado el número cinco, no salía jamás del bar al que acostumbraba a concurrir sin haber obtenido precisamente dicho número después de tirar el dado. Ya en la calle y en posesión de la manga gloriosamente conquistada á fuerza de libaciones, se dedicaba a