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bre. En él vivió la goyesca duquesa de del Sacramento y su romántico jardín soAlba, María del Pilar Teresa Cayetana de bre la solitaria plaza de San Javier, y en Silva, marquesa de Vjllafranea, por estar la calle de Segovia, ante la torre mudejar casada con D. José de Toledo. En uno de de San Pedro el Viejo, el palacio del marsus balcones aconteció el episodio de que, qués de la Romana, también con su tapial asomada a él con. svi hiarido Ja duquesa, pasó rebosante de ramas trepadoras, un ciego que les dedicó su cantar en solíUna casa muy característica de este bacitud de limosna. El marqués sacó íel bol- rrio desapareció hace pocos años para dejar sillo un x 3 U do de monedas revueltas de sitio al cine de San Miguel, y era la liaoro, plata y cobre, y se puso a elegir cuar- mada de los Salvajes por los dos de piedra tos y ochavos. Entonces su n- ujer, juzgan- que había en su portada. Allí vivió el conde do indigno aquel espectáculo de cicatería, le de Miranda y señor, de Lceches, D. Iñigo dio en la mano con el abanico e hizo caer de Cárdenas, embajador de España en la a la calle la l enéfica lluvia metálica, con corte de Enrique IV de Francra. Fué tan gran contento del ciego, él. lazarillo y la conocido por su talento como por la viochiquillería andante. lencia de su carácter. En París, durante una La plaza de la Paja no conserva más que ceremonia oficial, dio de bofetadas al emel recuerdo del palacio de los Lasos de bajador de Venecia por una cuestión de Castilla, residencia de los Reyes Católicos protocolo, y a! conocerse, la noticia de que y luego del regente Cardenal Cisneros. Des- el Rey había sido muerto, creyóse al pronto de uno de sus balcones j) ronunció ese férreo que había perecido a manos deí conde de Mipolítico la frase de Estos, son mis pode- randa, hasta que se supo que era Ravaillac res señalando los cañones que tenía en el autor del atentado. la píaxuela a les. nobles que pretendiají imEn la calle de Toledo, frente a San Isi- ponérsele. La casa de los Lasos, que estaba dro, no existe ya tampoco el palacio de los unida a la iglesia de San Andrés por un duques de la Roca, y en la del Duque de pasadizo conducente a la tribuna c ue poseía Alba ha perdido su aspecto el verdadero de en el templo esa familia, dejó su sitio desde los poseedores de ese título. Han sido abiermediados del pasado siglo a vulgares casas tas tiendas en su planta baja y todo el edide vecindad. Pero enfrente se con. scrya el ficio ha quedado industrializado. Allí vivió palacio de los marqueses de San Vicente Calomarde, el terrible ministro de Fernandel Barco, del linaje de los Vargas, funda- do VIL El duque de Tamames, que lo podores y patronos de la contigua capilla del seía por su matrimonio con la duquesa de Obispo, edificada sobre lo que fué aisa de Cíalisteo, hermana del de Alba, hubo de ser E? uy (jonzález de Clavijo, el embajador de su último Irabitante señorial. Enrique III tle Ca. síilla al Gran Tamorlán. A la entrada de la calle de la Magdalena Inmediato a San Andrés, por la parte de la contemplamos la bella portada barroca del plazuela de ese nontbre, se ve el palacio de palacio del marqués de Perales, ahora délos condes de Paredes, donde San Isidro dicado a oficinas, y que recuerda el trágico Labrador servía a Ivan o Juan de Vargas, fin del corregidor que lleva! ¡a aquel título y y en donde se visita el pozo del milagro, don- murió arrastrado el año 1808. Ante la prede dice la tradición que el santo labriego sencia del arte tan característicamente mahizo salir al niño caído en él, y se conserva drileño como es e! barroco, agruparemos en convertida en capilla la estancia en que es este párrafo la referencia de los ejemplares fama que murió el Patrón de Madrid. El de ese estilo que se conservan en palacios palacio del Nuncio, en la calle así llamada, madrileños. El más importante es el del es un buen ejemplar de arquitectura madri- antiguo palacio dé los marqueses de la Toleña en el siglo xvri, y perteneció a doña rrecilla. en la calle de Alcalá, donde estuvo Inés de Vargas, mujer de D. Rodrigo Cal- la fonda de las Diligencias Peninsulares, derón, el degollado ministro de Felipe III. ya en nuestros días el Círculo de Bellas Viejo caserón, sin ningún mérito ajquitec- Artes y actualmente el Centro Asttn- iano. tónico, es el del marcpés de Mondéjar, en El palacio del marqués de Miraflores, en la Puerta Cerrada, entre las calles de Segovia carrera de San Jerónimo; el del príncipe de y de San Justo, eme guarda el recuerdo de Marruecos, últimamente del duque de Sanla marquesa de Bélgida, animosa dama cuyas toña y de D. José Canalejas, en la calle del tertulias políticas eran célebres v qite llegó Príncipe, esquina a la de las Huertas; el de a ser llamada la marquesa repviblicana. la calle de Trujillo, que fué vivienda de la Al otro lado de la calle de San Justo, el condesa de Romrée, y el antiguo de Guadalantiguo palacio del infame D. Luís pasó a cazar, hoy de la duq uesa viuda de Parcent, ser episcopal. En la plaza del Cordón, junto en la calle de San Bernardo, son los que a la calle de Puñonrostro, estuvo la casa quedan con ese carácter en Madrid, La porde Antonio Pérez, de donde se escapó hü- tacLi de la casa de los condes de Oñate, que yendo de las iras de 3 elipe II. La casa solar estaba en la calle Mayor y orlaba el balcón de Iván de Vargas, en la atitígua costanilla donde fué expuesta a! pribíico la Concepción de San Justo o callede Tenteties ahora de Murillo, se ha salvado por fortuna y del Doctor Letamendi. sella tlpiaimente el puede ser a lmirada en la. Casa de Velázquez, carácter madrileño de estos parajes, ue erigida en la Moncloa para- residencia de completan el palacio del conde de Revilla- artistas franceses, gigedo con sus rejas solemnes cu la calle En la calle Ancha de San Bernardo hubo