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poco esta vez el hospital lograba un asentamiento duradero, y, poir discrepancias con el propietario del local, en 1643, tuvieron que desalojarlo. Pero la idea estaba demasiado arraigada para abandonarla, a pesar de todas las dificultades. Veinticinco años duraron las gestiones de la Congregación, buscando nuevo lugar donde establecer el hospital. Guando ya se creía disponer del edificio, nuevas disposiciones hacían surgir las imposibilidades. Hasta que al fin, en 17. 2, se vio precisada a tomar a censo redimible unas casas que se vendían en la Torrecilla del Leal y Tres Peces y se conseguía fundar la institución tanto tiempo anhelada. Las fiestas de inauguración fueron un acontecimiento en la barriada y hubo repique de campanas, fuegos artificiales y otras fiestas de sabor popular. Ciento setenta años- -sigue diciéndonos el rector- -estuvo el hospital en ese edificio. ¡Qué época más agitada y pintoresca de la historia de Madrid le ha tocado vivir! El ha sido testigo de multitud de interesantes episodios, y cuando tuvo oportunidad presto cuantos beneficios espirituales y tnateriales pudo, no sólo a los sacerdotes en él recogidos, sino aun a seglares, amparándolos en épocas calamitosas o de revoluciones callejeras y prestando asistencia urgente a heridos. Pero el viejo edificio empegaba, a sentir los efectos del tiempo. Y entonces la Congregación, en vez de acometer obras para consolidarlo, pensó en erigir uno nuevo, y compró el solar señalado en la calle de San Bernardo con los números loi y 103. En 7 de agosto de 1902 se procedía a trasladar a los enfermos y el hospital iniciaba el período actual de su vida. Un poco de estadísticaDesde su fundación el hospital ha recogido a 2.789 sacerdotes, de los cuales 2.009 salieron restablecidos de sus dolencias. El número parecerá exiguo. Ello se debe a que persiste todavía el error de creer que sólo son admitidos los sacerdotes nacidos en la capital de España, error que tiene su origen, sin duda, en que la Congregación es de presbíteros seculares naturales de Madrid. No obstante, ya queda dicho que todos los sacerdotes son admitidos. Duras pruebas ha tenido que sufrir este instituto a lo largo de su accidentada vida. Entre otras, la desamortización de sus bie; nes, el robo de sus existencias en metálico y papel del Estado, acaecido en 1865. y los motines callejeros. Pero su prestigio se mantenía tan vivo, que en ocasiones tan difíciles como la revolución de 1868 fueron los mismos vecinos los que defendieron el hospital, agradecidos a los constantes favores que de él recibían. -Y actualmente- -decimos- ¿hay muchos sacerdotes acogidos? -Veintiuno- -responde el Sr. Alvarez- entre ellos un canónigo de la Catedral de Cuenca, y eso que todavía en el lenguaje I ANTONIO SANZ CERRADA, FKAr JONlPERO