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LA MUJER Y LA CASA Temas femeninos. La vida y nosotras NTRE l o s ingemadre estaba paralítinieros que fueca. La hija era una ron a cumpliniña s i l e n c i o s a de mentar al Rey en el g e s t o s reposados, de día de su cumpleaños cara pálida y ojos infiguraba una ingeniemensos que parecían ra. Por primera vez. encerrar todo el misY con uniforme del terio del mundo. Cuerpo, como sus comY e n c e r r a b a n un pañeros. misterio, en e f e c t o Toda la Prensa ha pues mientras la niña subrayado, cual hecho cosía- -cosía todo el trascendente- diredía para ayudar a su mos histórico? el madre, que era moc esto de la señorita de d i s t a y para que la Careaga. abuela no tuviera que ir a un asilo- -recogía La Compañía frantodas las sensaciones c e s a de Caminos de que impresionaban su H i e r r o del E s t a d o sensibilidad de n i ñ a cuenta, entre sus inprecoz y ensimismada genieros- consejeros y las convertía milaa miss Edna NicoU, ingrosamente en s o n i geniera que ha hecho dos armoniosos. sil carrera primero en Inglaterra y luego en La n i ñ a fué creFrancia, y que ahora cietido; no mucho, que MISS EDNA NICOl, se halla especialmenel estar ocho o diez te encargada d e j o s servicios de turismo y horas encorvada sobre una máquina no es dé cmiocars de lujo. ejercicio para desarrollar a una adolescente. Ya está visto: la ingeniera, de aquí a P e r o el óvalo de su rostro pálido se fué unos años, abundará tanto y resultará tan afinando, los ojos inmensos se hicieron más natural como la abogada, la doctora en Me- inmensos todavía, los gestos reposados addicina o la archivera- bibliotecaria. Aún son quirieron un ritmo mayor. Y, de noche, una pocas, cierto. Tan pocas, que cada una apa- vez terminada- hasta el día siguiente muy rece como una excepción, aureolada con el temprano, ¡ay. Señor! -la tarea, que perprestigio de la novedad. Pero todo es em- mitía escasamente comer y dormir bajo tepezar. Y en nada como en esta cuestión del chado, la niña, con la mirada brillante de avance femenino. De la eniancipación, se- fiebre, doblada, no ya sobre la máquina de gún la fórmula feminista, coser, sino sobre una mesa en que había unos libros abiertos, estudiaba armonía y compo ¿Un bien? sición. ¿Un mal? Nadie puede aún decirlo. Esperemos que Pasaron los años. La niña tuvo dieciocho sólo lo primero. Que el acceso a esta nue- años; tuvo veinte. Siguió, y sigue, cosienva carrera sólo servirá para brindar a nues- do todo el día: ocho horas, diez... Más que tras muchachas un nuevo campo de activi- antes todavía, porque la abuela necesita dad intelectual y un nuevo medio de luchar muchos cuidados, y que, entre cuidar a la contra las dificultades materiales (entién- abuela: y el cansancio de tantas fatigas, la dase económicas) de la vida. Pero que nues- madre cose cada vez menos, y todo- -el cotras ingenieras- las nuestras y las de todas mer, el dormir bajo techado, unas ropas, partes- -serán lo bastante ecuánimes para no por modestas que sean- -cuesta cada vez creer, pasado el momento de la innovación, más. Pero ahora, por la noche, ya terminada que sus estudios implican algo de más par- -hasta el día siguiente muy temprano, ¡ay, ticular que los de sus compañeros. Señor! -la tarea forzada, en lugar de doA quien se maraville oyendo su título blarse sobre una mesa para estudiar, la niña- ¿ingeniera? ¡qué admirable! que ellas- -lindo capullo, pese a todo- se sienta ermismas respondan: Ingeniera, sí. Y ni más guida ante un piano. Porque hay un piano admirable ni menos, pero entiéndase bien: en la casa. ¿Cómo pudo llegar hasta aquí, ni más que ingeniero cruza, r tan tristes calles, meterse en tan obscuro portal y subir escalera tan pina y tan Romance de la niña música. alta? Es un milagro. Un milagro de infinien infinitas Era un día, en una vivienda humilde de tas pimtadasmilagro. Perohoras de desesperación. Un el hecho es que una calle humilde de Barcelona, una pobre ahí está. Y que ante él se sienta de noche viuda que tenía ima madre y una hija. La E