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A M TJ J K R Y L A CASA TEMAS F E M E N I N O S La Vida y Nosotras. L A mujer inglesa está a la orden del día; no se pjiede abrir un magasme- -sea del idioma que fuere- -sin ser asaltado por una fig ura que, a lo primero, parece de ing- lés, y que luego resulta, por el epíg- rafe de la ilustración, t ue es de inglesa guardias de la circulación, jefes de ÍP oHcía, ayudantes de conductores de aritomóviles, organizadores del Cuerpo de Vigilantes de Turquía: mujeres. Pero esto lo creemos tan sólo porque nos lo aseguran en letras de molde. A la vista, nadie lo diría. Habrá que substituir la legendaria, la clásica figura de la inglesa turista (pies y dientes descomunales y descomunales gabanes a cuadros, gafas y Baedecker) por un nuevo patrón de inglesa- guardia? En el intermedio tuvimos también el tipo sufragista, no menos apto a convertir en misógino al más empedernido don Juan. Ya circula incluso la explicación, lo que pudiéramos llamar la justificación de! fenómeno: siendo Inglaterra país (xtraordinariameiite abundante en solteronas, éstas lian de buscar por todos los medios derroteros a su actividad. T I. AS MODELOS DE LA ESCCFJLA IXGLE. SA (R E TRATO POR HOPPXER. -MÜSKO PACQI: KMABT A. N DKE. PARISjl L O S T Í P I C O S TR. A. IKS HUXGAROS SON PRECISAMEXTE, CON LOS CHAHROS, LOS MAS HICOS QUE HAY Las profesiones femeninas no bastan; y, si bastan, no a todas convienen, pues así como hay hombres especialmente dotados para la cocina y la confección de trapos así haymujeres especialmente dotadas para desempeñar cargos que requieren cualidades poco o nada femeninas... Será verdad. Y tal vez resulte incluso un verdadero adelanto en las costumbres el que una muchacha se vista de guardia de la porra y ofrezca, por su exterior, poco más o menos los tnismos encantos que uno de estos beneméritos adalides del orden callejero. Admitámoslo. Pero para no caer en la ridículo de aquel inglés que creía a todas las francesas pelirrojas, porque pelirroja era la primera mujer que vio al desembarcar en Calais; para no incurrir en la imperdonable ligereza de los que, por esos pueblos nuestros de Dios, creen que todas las inglesas forman parte de las caravanas de la Agencia Cook; en una palabra, para no dejarnos desbordar por ese tipo de inglesa- guardia, no estará de más evoquemos de cuando en cuando aquellas fi, guras de inglesas que fueron, hace poco más de un siglo, flor suprema de feminidad y de civilización. Y las modelos de la Escuela inglesa nos ayudarán a no olvidar que el verdadero tipo de mujer britana, ni fué el de místress Pankhurst, ni tiene hechuras de guardia. Todo lo contrario.