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UKAÍf MUÍMT 0 nes, confeccionando un memí que por su originalidad copio a continuación: Zakusk moscovite. Fotage aiix Pois de Guatemala. Rainolis a l ifalienne: Raqout en Coquüle. Poulet sauce espagnole. Glace Zeppelin. Todo ello rociado con vinos como un SJterry ser. un Grafcrberger de 1920, un Cliafeav. Lafite y un MáUiga, que hacen honor a. Ja cave del opulento y espléndido anfitrión. El helado era una exacta reproducción del Graff Zeppelin. El Sr. Von Meyer es una personalidad muy distinguida de Berna, donde estuvo acreditado- -no obstante su nacionalidad alemana- -como representante del Gobierno de Guatemala. Sus ger. erosos sentimientos se ponen a la continua de relieve en establecimientos benéficos que él ha creado y a cuyo sostenimiento contrilrtiye. Hombre culto y viajero infatigable, ha recorrido el mundo y guarda muy gratos recuerdos de su última visita a Madfrid, donde S. A. R. la infanta doña Isabel le colmó de atenciones. Es gran amigo de los príncipes de Baviera, a los que visita con frecuencia. Su Santidad le concedió recientemente la preciada condecoración de la Orden Piaña, en premio a sus benéficas fundaciones. A su paso por Madrid dejó un espléndido donativo para la Liga contra el cáncer. Y vamos al tercer banquete, el más original de todos, pues consistió en un almuerzo japonés, al que asistimos, no sin algún recelo, los que sólo de oídas conocíamos la cocina de los hijos del antiguo Im- perio del Sol Naciente. VA ministro del Japón en Berna, señor ís; iJ) uro Yoshida- -hoy embajador del Mikado en Constantino la- -tuvo la amabilidad de invitarnos, con otras distinguidas personas. Nos había prometido un almuerzo extrictamente japonés, y, en efecto, sólo hizo algunas ligeras concesiones a nue. stras costumbres europeas. Por ejemplo, nos dispen- só de sentarnos en el suelo, en torno a las bajas mesitas de laca, servidas por delicadas imismés, le bordados atavíos; lo hicimos, pues, en torno a una mesa cubierta de adamascados manteles, mas cada invitado tenía delante, en vez de los platos y cubiertos habituales en nuestras comidas, unas cuadradas bandejas de laca negra, que contenían varios cach, arros, unos de laca y otros de porcelana del Japón, y, naturalmente, nada de tenedores ni cucharas, sino los Itashi, o haquettes de madera, aptos para comer todos los platos, pero que nosotros, no habituados a su liso, nos veíamos negros para utilizar convenientemente. U. GABINETJB DE LA LEGACIÓN DEL JAPÓN Sentado el ministro en la cabecera de la mesa empezó a codimentar el famoso svkiyaki, especie de ragout, en cuya confección entran carnes y legumbres que en grandes bandejas le iban presentando, crudas, las sirvientes y que él depositaba sobre dos hornillos que removía constantemente con los inevitables a, í íM. Cuando todo estaba a punto, lo iba sirviendo a los comensales, que lo mezclaban con el fino y blanco arroz, encontrando el guiso delicioso. Como única bebida, el sake, especie de Jerez, servido en un pequeño vaso de porcelana llamado sakayaki, que los. sirvientes renovaban sin dar, se punto de reposo. Salvo el plato de postre y las frutas, en eso consistió la comida; pero es de advertir que los hornillos, siempre en ebullición, recibían constantemente las carnes crudas y las legumbres de todas clases que componen el sukiyaki, del cual los invitados, unos por cortesía y otros por gusto, no se cansaban de repetir. Tales han sido los tres almuerzos co. smopolitas que han uesto fin a la temporada otoñal de Berna. Monte- Cristo. 5: iiv-