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A C T U A L I D A D E S La semana humorística. POLVILLOS DE SALVADERA S EGÚN parece, tenemos nuestros días contados. Esta noticia, fresca y húmeda, por lo que más adelante se dirá, ha sido lanzada por los adventistas, una nueva secta religiosa que se ha matriculado en Norteamérica. Los adeptos de esta flamante orden han predicho, por conducto de las Agencias telegráficas, que el lin del mundo, de este deleznable planeta, es una letra a la vista en plazo más o menos perentorio. Y como la catástrofe, ya descontada por los adventicios, va a ser completamente hidráulica, una especie de interpretación moderna del diluvio, los profetas de esa hecatombe que nos amenaza se ocupan activamente en la construcción de un arca- -modelo Noé- -para salvarse de la inundación. Eso sí, se han preocupado de instalarse lo más cómodamente posible, y en vez de llevar en su compañía una pareja de animales de cada especie, se disponen a la instalación de todos los inventos modernos para su solaz y distracción: aparatos receptores y transmisores de telegrafía inalámbrica, teléfonos, gramolas, cámaras frigoríficas y térmicas, una pareja de tangos argentinos y otra de bailes charlestónicos y foxtróticos, y hasta un cine sonoro, para no privarse de nada. Como pueden ustedes apreciar, a estos adventistas no les falta un detalle para que su ignota travesía sea lo más divertida posible. Claro es que si sólo ellos esperan salvarse del cataclismo que tenemos en puerta, maldita la necesidad que tienen de cambiar mensaje alguno con el mundo si ellos pretenden ser sus últimos supervivientes; pero, bien mirado, tampoco les precisa. Con los adventistas de uno y otro sexo que vayan a bordo de! arca, no hay más que cerrar herméticamente las compuertas, y venga juerguecita, hasta que escampe y vuelva a brillar el sol sobre los desecados mares y ríos. A mi, la verdad, si me garantizan este programa de jolgorio, dispuesto estoy a afiliarme entre los adventistas, y mal harán éstos en no incluirlo en un nuevo plan de turismo, porque eso de viajar en un arca llevando un seguro de vida, cuando los demás mortales van a perecer fatalmente, es un placer tan egoísta como tentador. Y cola habría para sacar billetes. Pero, i ay! mucho me temo que este arca naufrague antes de ponerle la quilla, y todo quede en conversación de Hollywood, o, como decimos por acá, de Puerta de Tierra. Está sobre el tapete, mejor dicho, sobre el mantel, una cuestión de principios Parece, no todos pueden asegurarlo, que se come mucho, que se come con exceso, y que cada vez el bicarbonato tiene más impor-