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J- T li A A l í T 30 s, c; I c i A pro de la liberación politica del país, el talidaii. Tal acontece con el radio, que, sejoven profesor sólo llega a convencerla de gún cálculos bien fundados, necesita dos que permanezca en París invocando el de- mil quinientos años para perder la mitad de ber que ambos tienen de realizar su sueño su volumen, sin dejar un solo instante de científico, más seguro y perdurable que el emitir la bienhechora emanación. sueño patriótico de la entusiasta compañera. Luna de miel en todos sentidos, matrimoLa condescendencia de la joven alumna nial y científicamente, fué la que durante a las insinuaciones del joven y ya eminente varios años hubieron de pasar en aquel huprofesor descubrió a entrambos la inexo- milde cobertizo los Curie. Como metálicos rable necesidad en que se bailaban de no e inmóviles gusanos de luz brillaban sobre separarse jamás, para lo cual sólo había las toscas mesas de pino del fortuito laboraun medio casi seguro, el matrimonio. Rea- torio las minúsculas partículas de las sales lizado éste, y con la tranquilidad de toda de radio obtenidas tras largos meses de fauna vida de colaboración ante sí, los sabios tigosos e incesantes experimentos. En las esposos fijaron su primer anhelo en la po- noches de febril desvelo, aquella luz inefasesión de un laboratorio en que poder rea- ble, autófaga y prístina, arrancada de las lizar los experimentos nuevos a que, por su- entrañas de la tierra- -y que ésta sólo aban. eerencia de la mujer, debían entregarse por dona en la avara proporción de cincuenta entero, aunque el marido tuviera que aban- miligramos de radio por tonelada de minedonar temporalmente sus trabajos sobre las ral- era como toda la luz de sus vidas, propiedades de los cristales, que ya le ha- que les señalaba el ideal a que habían de bían dado gran renombre. ¡justarla. Los experimentos a que María SklodowsMas semejante ideal era demasiado bello ka ansiaba dedicarse con el ímpetu de su y noble para que se les lograra. Así, la fataardiente temperamento eslavo eran los rela- lidad hubo de cortarlo en flor cuando, un día tivos a las propiedades radiactivas de al- del 1906, el profesor Curie murió de la más gunos cuerpos, pues las del uranio, descu- vulgar muerte, atropellado por un camión. biertas en aquel entonces (1895) por el Verdaderam ente en flor hubo de agostarse sabio Becquerel, le habían hecho columbrar tal sueño, pues, con sus cuarenta y siete en tal actividad un campo de infinitas posi- años. Curie estaba en la de su actividad bilidades maravillosas. intelectual, ya obtenido el premio Nobel y De las investigaciones a que la ya señora con la perspectiva de poder dedicarse con Curie habíase dedicado no tardó en obtener calma a sus futuros trabajos, logrados, ai el convencimiento de que la radiación era fin, una tranquilidad y un bienestar mateuna propiedad atómica del uranio, indepen- rial de que jamás hasta entonces había disdiente por completo de las combinaciones frutado. químicas, así como de las condiciones exSegada la flor, quedó el tallo que la sosteternas, cual la temperatura y aun la mis- nía: la esposa y colaboradora que le infunma luz. diera aquel entusiasmo dinámico de su arroLa teoría de la señora Curie de que el bador temperamento eslavo, sin el que acauranio y el torio contenían por fuerza una so el glorioso descubrimiento no habría tesubstancia de mucho más poder radiactivo nido lugar todavía, y, sin él, que Ja Humaque dichos minerales, no podía tener con- nidad seguiría tal vez bajo la pesadilla atorfirmación sino a través de numerosos y pa- mentadora de una de las enfermedades que cientes experimentos, para los que se reque- más trágicamente la amenazan, y cuj a curía la manipulación de grandes cantidades ración, hasta ahora inasequible, sólo parece del mineral a propósito, la pechblenda; ex- mostrarse propicia a las destructoras emanaperimentos que, por tanto, no podían tener ciones de las sales de radio: el cáncer. lugar en el angosto e indotado laboratorio El gran anhelo que el profesor Curie tuvo de que el eminente profesor podía entonces toda su vida de poseer un buen laboratorio disponer. La posesión de un local suficiente ha podido satisfacerlo su viuda, colaboradopara el almacenamiento y manejo de varias ra y continuadora de su obra ejemplar. El toneladas de mineral, como habían menes- insigne químico, que pasó las horas más feter, hizo que los colaboradores se fijaran en lices de su vida en el cobertizo de la calle un mísero edificio de madera, poco menos Lhomond, después de descubierto el radio y que un cobertizo abandonado, especie de ta- nombrado para la cátedra especialmente ller, con cubierta de cristales, muóhos de creada para él por voto del Parlamento, proellos rotos, que había en uno de los patios fesor de la Sorbona, hubo de utilizar el lade la Escuela Municipal de Física, y al que boratorio de este centro para proseguir sus daba el laboratorio en que trabajaban. ulteriores experiencias; pero su anhelo queConstrucción tan destartalada, en la que toda dó insatisfecho. incomodidad tenía su asiento, hubo de paHoy es una realidad. A corta distancia del recerles palacio fantástico en que realizar sitio donde antes estuvo el pobre cobertizo un sueño mágico, ya que mágico había de en que tuvo lugar uno de los descubrimientos ser el resultado de sus desvelos, y de la fan- más beneficiosos para la Humanidad se alza, tasía femenina de la inquieta alma eslava en la calle que lleva el nombre glorioso de había de nacer el prodigio de un producto Pedro Curie, el Instituto del Radio, erigido que se desintegra con lentitud milenaria por en memoria del malogrado sabio. La señora medio de emanaciones transmisoras de vi- Curie lo regenta, con una autoridad que sus