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LETRAS, ARTES, CIENCIAS lina mujer extraordinaria. M A D A M E C U R I E En 1892, la señorita Sklodowska, estudiante de las más distinguidas de Varsovia, se presenta en París para ampliar sus estudios físicos en la Sorbona, y conoce al profesor de la Escuela de Física, Curie, cuyo sueldo de 50O francos mensuales es, en parte, empleado en la adquisición de materiales para experimentos. La falta de medios de! profesor llega a tal extremo, que careciendo, de laboratorio propio en que llevar a cabo sus experimentos, ha de verse obligado a compartir el que la Escuela Municipal de Física destina a sus estudiantes. Pronto la compenetración de profesor y alumna llega al grado de establecer entre ellos una recíproca inclinación sentimental y amorosa, cuyas más aproxim. adoras ilusiones se alimentan en el ideal científico que ambos persiguen; al extremo de que cuando María Sklodowska, no concertado aún el matrimonio, habla de! a posibilidad de volver a su Patria con el propósito de laborar en él científicamente y además en U N lacónico cable de Nueva York daba hace días la noticia de que llegará a dicha ciudad la señora viuda de Curie, para recibir de sus admiradoras de Norteamérica el precioso donativo de un nuevo gramo de radio con que reemplazar el que la eminente sabia donó al hospital de Varsovia. Semejante regalo de la señora Curie a tal hospital se explica si se tiene en cuenta que la donante, aunque francesa por matrimonio, es polaca por nacimiento, como demuestra su apellido familiar, ya que se llama María Sklodowska. La historia de esta eminente mujer e s d e las que más confortan el espíritu femenino y justifican todos sus anhelos de paridad absoluta con el hombre en el orden de las actividades intelectuales, y, por ende, en las restantes, incluso las políticas; si bien estas últimas, después del alto puesto concedido en Inglaterra a una mujer, al nombrarla ministro de Trabajo, han quedado ya fuera de toda discusión.