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I. 10 T i; A s. A I; T K S. C I K X C Í A S i Í. -Í fS I si: t i 1 V íSj Sí- EL SALOX r. E SAN JDAK, A LA IZQUIERDA, EL PALACIO DE BELLAS ARTES. A LA DERECHA. EL PALACIO DE JUSTICIA tereses importantísimos y que se mezcla al tráfico abigarrado e inquieto c, ue supone la proximidad de la estación del Norte. Además del Palacio de Justicia, esbelta fábrica arquitectónica de bello aspecto, y que dio lugar a una curiosa polémica, en la que el arquitecto sustentó bravamente la tesis de que todas las dependencias tenían, según la técnica, luz suficiente, a pesar de que para trabajar había que encender luz en muchas de ellas, cuenta el Salón de San Juan con otro edificio notable, erigido también en tiempos de la Exposición Universal; el llamado Palacio de JBellas Artes, con una vasta y espaciosa nave de fiestas, en la que todavía hoy se celebran exposiciones, conciertos y festivales. El paseo propiamente dicho se ha ido ufanando con altas y grandes casas de alquiler, cómodas y bien acondicionadas. En una de ellas ha ido a aposentar su catalanidad racial, y por tanto inquieta, el gran Amadeo Vives, maestro y a- migo. En este paseo está radicada la Biblioteca Arús, legado generoso y admirable de don Rosendo Arús, y que fué inaugurada en el año 1895. Cuenta en la actualidad con más de 6.00i Q volúmenes y ha sido alma de ella, ordenació i y guía, espíritu tan erudito, y noble, y selecto, como el de D. Eudaldo Canibell. En el reposo denso y silencioso de su rincón bibliotecario, el Sr. Canibell ha sido, con afable y experta autoridad. consejero y guía, acompañante y amigo de las primeras manifestaciones- -tan entusiastas y tímidas a un tiempo- -de algunas personalidades literarias. En los recuerdos de mi niñez y de mi adolescencia, el Sr. Canibell ocupa una hornacina dilecta. El primer ejemplar del primer libro que yo he visto de Eduardo Marquina iba dedicado a Eudaldo Canibell, primer lector de mis versqs y las primeras cuartillas que yo he escrito no las ha leído nadie más que el Sr. Canibell. Que él me haya perdonado, deseo, como ha tiempo le perdoné yo que no me hubiese desengañado. No sería del todo sincero si no declarara que actualmente la Biblioteca Arús, apartada del centro de la ciudad y del barrio universitario, tan cercana a la realidad del Alcubilla, está un poco desplazada. Pero jamás la he hallado desierta. Para terminar: la i.l aza de Tetuán, jardín- urbano, núcleo vital, remanso del gran río barcelonés, procura al paseo cíe San Juan, un momento, rompiendo su envarada y seria solemnidad, una nota policroma y risueña, que añade un poco de gracia a su empaque. La plaza de Tetuán es el beso de la ciudad, la nieta del Arco de Triunfo. A poco que éste se distraiga, se le subirá a las barbas. T afael Marquina.