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I. y. T R A S, A n T 15 S, C I E N C I A S Nueva guía sentimental de Barcelona. EL PASEO D E SAN JUAN A HOEA tiene esta gran vía, con motivo de la Exposición, no sé qué prestigio de abolengo, de iniciadora, de precursora, como hija que, en realidad, vino a ser de aquella otra líxposición Universal, que en i S 88 fué el primer ejercicio audaz que üarcelona realizó sobre la maroma insegura de la celebridad. l- or eso el paseo se inicia frente al Par ne de la Ciudadela, con un monumento a J- iius y Taulet, el alcalde famoso- -energía y capacidad- que empujó la ciudad a tan altos destinos. El monumento, tanto como la gratitud de los barceloneses, demuestra, por la traza pintoresca de su modo arquitectónico, la enorme capacidad barcelonesa para la resignación. En realidad, cabe considerar en el paseo de San Juan, ancho, espacioso y bello, dos iragmentos distintos, separados por una jílaza. Son dos distintos estados de alma. El primer trozo, desde el Parque al Arco de Triunfo, proi) iamentc, es llamado Salón de an Juan, y el segundo, a continuación, mereció de A. -michalis una calificación, que con certero y sutil espíritu le define exactamente: l l iiaseo de San Juan, esa calle con alma de carretera. Pocas expresiones tan felices. El Salón, más ancho, más solemne, con barandal de piedra a uno de sus lados, es el lujo, la esplendidez edilicia, la pompa urbana. El resto es, aunque espacioso y bien dispuesto, calle de tráfico, de vecindad. El Salón, diriamos, es fin en si mismo; el resto no es más que un medio de la ciudad. Entre ambos, al final del Salón y en el punto mismo que fué entrada de la pasada Exposición Universal, se yergue el Arco de Triunfo, monumento curioso, construido exclusivamente con ladrillo y exornado de mayólicas. Alto, de 30 metros, quedó provisionalmente sin terminar su decorado- -con las premuras del Certamen- pero lo provisio nal se ha hecho definitivo. Hoy sería difícil modificarlo. Salón y paseo de San Juan son hoy, apartados del centro urbano, al margen de la ciudad, dos vías poco concurridas. Los tranvías, que son el espíritu mercantilista de la circulación, los atraviesan; pero no se han atrevido todavía a recorrerlos. Pasan de largo, con un tintineo frenético, que casi hiere como un desdén. X o es, pues, este paseo vía de gran animación, aunque, aparte de los días gloriosos de 1888, cuenta con el fasto memorable de la Solidaridad, en el que fué, durante larga horas, el cauce de toda Cataluña. Edificado en su vecindad el Palacio de Justicia, vese, no obstante, frecuentado a ciertas horas por un público especial, que en el vasto edificio manipula y ventila in- r-