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LETRAS, ARTES, CIE iCIAS Comedias y comediantes. EL T E A T R O D E T A M A Y O Y BAMS o pretendemos discernir los merecimientos literarios de D. Manuel Taniayo y Baus, a cuya memoria dedica hoy devoto y respetuoso homenaje la Academia Española, con motivo de haberse cumplido en el año que corre- -el 15 de septiembre- -el primer centenario de su nacimiento. Vé lanos esta intromisión en el terreno de J a critica, de una parte, nuestra insuficiencia; de otra, la veneración que en el aspecto 4 í miliar nos inspira el celebrado dramaturgo. Ilustres críticos y escritores han aquilcUado el mérito de sus woducciones teatrales, y aunque la pasión llevó algunas veces más lejos de lo que ddjiera a panegiristas y detractores, es lo cierto que eJ poeta quedó consag: rado como uno de los más altos valores dramáticos de su tiempo, y su figura destacada como una de las más importantes dei siglo XIX. Nuestro trabajo tiene solamente un carácter informativo: recordar- -rindiéndoles de pasada el debido tributo de admiración y respeto- -quiénes fueron los princiimles intérpretes de su teatro en la época, ya remota, de su advenimiento al mundo de la escena, y quiénes, en tiempos posteriores, dieiotí vida a los héroes y heroínas por él creados. Ocupan el primer lugar en esta galería D. MANUEL TAMAYO- Y BAOS EN I- A ÉPOCA DE SUS GRANDE, S TKIUNI OS ESCÉNICOS N de comediantes insignes ios padres del poet a doña Joaquina Baus Ponce, raro prodigio de talento y virtud como dijo de ella D. Aureliano Fernández Guerra, y doi; José Tamayo Palacios, primeros intérpretes de la traducción de Gcno 7. eva de Brabante, de la adaptación de! diania de Sohi 11 er, Juana de Arco, y del primer drama original de su hijo. El cinco de agosto, representado por primera vez en el teatro de la ICTUZ el año 1849, Q e fué, según expresión del ilustre polígrafo D. Emilio Cotarelo, la ¡primera y la última equivocación de Tamayo Ocioso será decir con qué cariño, con qué intensa emoción, recitarían los padres los versos compuestos por el hijo en los años mozos, casi en los infantiles, y con qué inquietud avizorarían desde la escena las impresiones del público, atentos al menor gesto de agrado, a la más leve expresión de impaciencia o de enojo. Se ha hablado muchas veces de la especial situación de ániínc; de los comediantes que tuvieron el valor de representar sus propias ol) ras; imagínese ei sobresalto de ios padres, cuando el efecto de antemano calculado pasase inadvertido, cuando ei parlamento ipotundo no arrancara el es perado murmullo de aproi ción... Üii tropiezo, un gesto que no correspondiese- A! a ir; otTiMo RETR. ATO DE O. MANOEi, T M Y T B U sc, UB dcslíz interpTctativo cuaiquicra, afeeA AO AS