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l- FÍTRAH, AUTIOS. Cl lOXCI A: Fotos comentadas. POR LAS O R I L L A S D E L RÍO C H I S P E R O N verdadero aprieto. Eu la diestra- -inquieta- la pluma, y en la siniestra- -expectantes- las fofos. Y una obligación, no jxir unilateral menos imperiosa: su comentario. Rápido, agiido. vibrante... Periodístico, sobre todo. Que deje en el ánimo de! lector un agradable cosquilleo. Reclaman un pie estas fotos. Intentemo. s dar con él. Objetivamente consideradas, no dicen nada, si por tal se entiende la rara maestría de su lo. gro técnico. Pero esta consecuencia es ajena a nuestra finalidad pc r caer de lleno en los dominios del fotógrafo. La foto, como foto en si. ha perdido su valor intrínseco. Ya no es la foto la que no atrae, sino lo uc la foto nos sugiere. Ancho panoraní; Impresión de conjunto. Planfis, lineas, manclias... Abi. garramiento. Después, al fijar la mirada, vemos que la oío adquiere relieve y color. Que vive. va definida, aparece la idea que la inspiró, y, con la idea, d álbum de las imágenes. Asi podéis anotar: la de la mujer, rezumante a domcsticidad, aherrojada por los grilletes de la possc: paredones, enemigos del espacio U abierto, que lagrimean la podre do los años a través de los ojillos pitarrosos de sus ventanales; tinglado arrabalero, muy dentro del ambiente de saínete clásico; íiora dr yantar. Arboleda desvanecida en el hori zonte. ansiosa de chupetear el merengue k ¡a sierra. Brazo moreno, arremangado, sonó ra y reciamente batidor, de las lavanderas... y tantas otras. Adivina, adivinanza... Kl lugar nos es i nocido, y hasta familiar si queréis. Salta a los puntos de la pluma- -como los cone jos en el silencio de la noche negra al res landor de los aiifos de la vecina carrete ra- -el nombre de donde iian sido tomada estas foto. K: orillas del Manzanares. ¡El r w Manzanares! A falta de cauda! de agu; i. aunque sean auríferos sus sedimentos. desl) or ia. ante la sola evocación, el aluvión de la literatura. Porque, como no ignorai- tiene su literatura y sus cronistas. Y n o n li, stas de categoría: Blasco y Baroja. Quién, por otra parte, no recuerda ios ejiigrarnas que, cual dardos mortíferos, lanzaron sobrt su exigua corriente los, ingenios del s ¡gl (i por antonomasia? También de allende los I i K J, íiKiMK. AX 1- POÜftlí DE LOS ANO. S A TáÉAVK. S ÜK J- O. s O. UJ l Os J ITAIÍHOSO; A DK S O S VKNT- ANAu;