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3 TRAS, ARTES, CIENCIAS El feseo de m o r i r- -escribe- cuando no se ftinda sino en heridas de amor propio, revela absoluta c a r e n c i a de altruismo. Es confesar que no se ama a nadie. Y que íii la Patria ni la familia m e r e c e n sacri ficios, ni siquiera esfuerzos. L a inmortalidad. esfinge. Este sentido militante de la vida, ni buscada, ni excusada, unge de religiosidad la d o c t r i n a católica y satura de humanismo el bello libro de Cajal. En cuanto a la inmortalidad, sólo nos satisface- -dice- -la integral, esto es, la c o n t i nuidad del alma y del c u e r p o porque es la única que salva la pers o n a 1 i dad, esto es, la construcción específica del cerebro in 4i vidual, con todas sus r u i n d a des, miserias y limitaciones. Esta declaración, como las ambiguas r e s puestas de la P y t h y a parece na evasiva más que un juicio. El camino de Tebas del Más allá no es enfocado por! a lente del microscopio. Caja! con sus cuarenta Bh SABIO HISTÓLOGO EN LA BPOCA EN QUE LE TOE CONCEDIDO EL PEBMIO años de manejar neuronas, fuentes de vida, no NOBEI (FOTO PADBO) resiste cuarenta minutos tampoco a las exaltaciones societarias de la investigación del Gran Misterio. Stuart Mili. Tal vez cree, con Nietzsdie, que Materialista? ¿Espiritualista? Esa in el problema de la mujer se llama mater- mortalidad integral es como la esfinge del nidad libro. Hay que huirla, porque devora... El tema de la muerte- -que acecha al filósofo, como la esfinge al caminante, para devorarlo- -es afrontado por Cajal con sereCristóbal de Castro. nidad socrática. Para él la vida es un deber intransferible. La