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¡ÍTK. A. S, ARrKS, iniíMClAS cierto aroma estoico. Hay en esa uniíor- aparece ¡iel escalafón cientitico, reaparece. mi lad cultural, v aún sentimental, como un con Chacharas de café en ia mano, ocu esto de fatigada suficiencia. Es un sa- pando uno de los prmieros iugar. es en el esn s disjno de Marco Aurelio, el cual, de día, calafón literario. Es que le ha llegado el combate contra los Panonios, v. de noche, instante, propiamente, fatalmente hlosohco. en su tienda de Carnuto, se pone a escri- El instante de la aceituna madura de Mar ir ios SoiHomios. co Aurelio. El de la cumbre remontada Cajal protesta contra el encasülamiento. de Goethe. El instante en que Vliguel An. lace bien. Es cosa de botica o de eleccio- gel escribe: -Non nasce pensiero in me, che nes. Mas levendo sus confidencias sobre la non porti sculpita la Mprte íuiiistad, la ingratitud, el egoísmo, las rauje- Es la hora de la estilización intelectual, íes, el talento, el amor, ia moral, etc. etc. de las arrugas en el rostro y en el espirino hav duda de que está en Caja! vivo y tu. La. hora de las sentencias y de las mapresente, más que el espíritu de Sócrates el ximas. Se intenta reparar la prodigalidad del alma y del cuerpo. Ya no deslumhra ninspiritu de Epicteto... gún sol; el amor, la amistad, la gloria, palidecen entre neblinas de análisis. Pero ese Científismo y literatismo. peregrino apasionado que llamamos en. uel movimiento ágil, preciso v delica- tendimiento, persiste en viajar. Ya que no do que advertía Voltaire en las paginas de tejas abajo, de tejas arriba... ie La Rochefoucauld, alienta en Chacharas de caté con mayor democracia y desenvol- Pesimismo. H u m a n i s m o tura. o en balde Caja! es hijo del pueblo, y La Rochefoucauld principe de Marsillac A. lgur os llaman a esto pesimismo, cuando Madie diría que esta agilidad tan ingeniosa, avispada y fértil, lleva cuarenta años es sencillamente humanismo; aceituna mamanejando tan gravemente el microscopio. dura cumbre remontada muerte esculLa superchería del literato cientifista no pida ¿Por qué ni para qué ha de creer es menos frecuente y execrable que la del el viejo lo que el joven? ¿Cómo puede juzcientíiico literatero. Para que estos dos mo- gar lo mismo quien ignora las intenciones (los (le expresión intelectual se concierten, 1 quien las penetra. orno en Aristóteles o en Bacon, hay que Un poco teatralmente, como solía, rechacerner muchos volúmenes en la criba de los za el principesco Goethe la conmiseración de Siglos. La mayoría de los literatos eientifis- los ¿óvenes hacia los viejos. Pregúntale a la rama si quiere volver tas son unos pedantes caóticos; Y casi todos los cientifistas líterateros escriben lamen- a ser raíz le dice a Eckerman. abiemente. Casi todos, hasta los franceses, r parte la afectación, hay en ello cierta que son los hachas, llevan el énfasis a cues- verdad biológica. El viejo no es esiniistas. como una cruz. ta porque le falte juventud, sino porque El libro de Cajal está limpio de afecta- le sobra conocimiento. A conocer la vida (ion. Si tiene alguna, es aquella afecta- -como suelen los viejos conocerla- la juciini ü revés que recomendaba Maquiave- ventud, lejos de ser una jactancia, sena un (al duque Gonzalo- -Per cercare l obligo suplicio. El tópico de la vejez pesimista re tiii popólo- en este caso gratitud de los aparece por las supersticiones de ciertos filósofos y la ramplona devo. ión de cierlectores. tos novelistas y dramaturgos. Pero el ZoCajal, filósofo. diaco, en sus estaciones, y el hombre en sus wiades, lo reducen a polvo otra vez. (ajal os el hi. stólogo. y también el íiló; Será pesimista Cajal porciue hable de ioto más grande de su tiempo. La universa- ingratitud? ¿Ni porque desconfíe de la amislidad de sus descubrimientos celulares tie- tad desinteresada? ¿Ni porque lapide al! e e! refrendo de cuantas Academias cientí- adulador? licas significan algo en el mundo. En cam O se tienen muchas ideas v ¡xicus ami! i (j, su filosofía, inédita durante cuarenta gos, o muchos amigos y pocas ideas Vea; iñ ís. s lo tuv o un pane, g! rista: Joaquín so es esto pesimismo? Es, si uiera, ironía? Costa. ¡Cuántas veces nos habló Costa de la ¡Quiá! Esto es el manso aliento, el suspihkxsofía de Caja! ¡Cuántas le oímos sos- ro tenue, de un espíritu trabajado. tener jue Cajal era el primer filósofo de la La ami. stad repugna la pobreza como ¡a época! flor ¡a obscuridad. Nos (uejamos de los í; Í l J l Cajal? amigos porque ¡es exigimos más de lo que í. n el conocimiento de los hombres y de las pueden dar buenamente. -No recordái. s las ii. s cosas sin ningún prejuicio Ni el cien- distinciones del Hnchiridíón Hav co cosas íihco. ni el religioso, ni el idealista, ni el que dependen de ti y cosas que deijenden materialista; ninguno, absolutamente. Es un de ios demás. Atente a ello. caso de objetivi. smo subjetivo de inte De todas las reacciones posibles ante una graüsmo diría el propio Cajal. injuria, ¡a más cómoda v hábil es el silen! n el punto y hora en que el maestro, cío. ¿No parece esta máxima un versillo jubilado como lumbrera histológica, des- de Job, adaptado a! a prosa contemporánea