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LETRAS, ARTES, CIENCIAS Lo grandes de España contemporánea. C A Í AL, O EL P R I S M A U n plazo y un libro. o ha mucho que el periodista argéntino Soiza Reilly publicó en Caras y Caretas una entrevista con Cajal. E n ella, el gran histólogo se nos aparece bajo la trágica influencia de un plazo biológico. Dentro de unas semanas, de pocos meses, cuanáo más, su vida y la de su esposa se habrán extinguido. En tales circunstancias, el ánimo no pertenece ya a este mun do. Pertenece al terrible Gran misterio P e r o el á n i m o de Cajal estaba ya cristalizado y definido, por esencia, p r e s e n c i a y potencia, en las páginas de un libro admirable: Chacharas de café. Este libro es su cuna y su sepultura. Sus páginas p r o d u c e n un goce intelectual, de los que Aulo Gelio compara a u n a conversación entre dioses En forma lie eHÉencias o máximas, con un estilo tan sencillo como aníeno- -que nos recuerda el de Teofrasto- el genio de Cajal se descompone, como T e o r í a d e la o r i g i el prisma, en todos los colores del alma. nalidad. Cajal llama pensamientos, anécdotis y Nuestra memoria conf- idencías a este- o b s e r v a el maesplantel de juicios fuANTICUO BETRATO DE D. SANTl CSO BAMON tro- -es una trama tegaces, que, en su misjida con fibras tomaY CAJAL ma fugacidad, tienen das al cerebro de nuesel de ser leales, espontáneos y deliciosos. tros antepasados. Muchos pensamientos de Apresuróme a decir- -escribe- -que yo no Sócrates, Platón y Horacio se encuentran trato aquí de sentar doctrinas ni de retutar en escritores tan originales como- Quevedo, creencias, tnerecedoras de respeto. Rechazo, Gracián, Montaigne. pues, categóricamente, la responsabilidad de Tan cierto es alo, que, hace días, con ocamuchas opiniones exageradas, frases hiper- sión de consultar El libro de Job, nos fijabólicas o sentimientos demasiado pesi- mos en los versillos: El hombre tiene tiemmistas. po limitado en la tierra- y sus días son como Y, por si fuera poco, añade, con franqueza los del jornalero ¿En dónde hab- amos leíbaturra: do esto mismo, al pie de la letra? Ah, sí! Cuanto más que vo me reservo el dere- En Los sueños, de Quevedo, el cual declara cho de variar de opinión, por lo menos transcribirlo de Lucrecio, quien, a su vez. mientras la anquilosis craneal y el reblan- lo toma textualmente de El libro de Job. La explicación que da Cajal a estas filiadecimiento encefálico no me lo estorben. ciones resulta darísima: Nuestra cultura C u r a r s e en salud. -anota- -está basada en el saber antiguo. Sin contar que en la peregrinación de la Este escurrirse de las manos críticas, o vida todos hemos recorrido, más o menos, curarse en salud, diríase en Cajal, mé- el misino camino. dico, una paradoja suntuaria. Sobre su claridad, la explicación exhala N Algo por el estilo intentó hacer La Rochefoucauld, presintiendo la polvareda que habían de levantar las Máximas, sobre todo entre sus amigas madame de Longuevüle y madame de Lafayette, a cual más ingeniosa, pero también a cual más creyente. El duque filósofo, en la primera edición, aunque anónima, de su obra celebérrima, puso una Advertencia al lector donde, con citas de autores clásicos y hasta de padres de la Iglesia, se sacudía el escepticismo, respondiendo a las objeciones entonfces corrientes. I g n o r a m o s hasta qué punto habrá derecho a repudiar sensaciones e ideas propias, por fugaces e inconscientes qué nos parezcan. De cualquier modo, es éste un desahucio intelectual contra el q u e c a b e siempre arecurso ético. Fuera de tal reparo- -en todo caso más papista que el Papa, más cajalista que Ca jal- las Dos pala- bras- al lector en Chacharas de café, nos p a r e c e n muy en su punto.