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T; TK S AllTRS, CUvNriAS üos escuchaban la lectura del viaje del Conde de Zeppelin. Figarelo pudo atender mi requerimiento, Totó se había distraído y sej uía la ruta del dirig- ible. -i Oh! ¡No me hable! Estoy indi rnado. Madrid ha perdido el sentido de la vida. Es al o deprimente. Angustioso. Pero... Verá. Mi artículo de anoche, aquél en el que abominaba de esos retorcimientos de lenguaje que emplean algunos escritores haciendo laberíntica la diáfana claridad del habla castellana, ha sido retirado de la imprenta de orden del inspector del Consejo. Pero no mereció de antemano el aplauso de la Redacción entera? -Sí; pero el Consejo entiende que el artículo pudiera entorpecer gestiones de propaganda que realiza en estos momentos La Editora, negrocio anejo al del periódico. -En ese caso tiene razón el inspector. -No discuto. En eí tiigar de donde yo salí, ios periódicos no tenían dinero, ni Empresas, ni editoras. 3 í 05 zn Así vivirían! -Conformes. ¡Pero mientras vivían... -Y ¿qué más le ha ocurrido? -Un amig o que conoció mi último libro ha hecho de su trama una adaptación teatral. Me ha o b l i d o a presenciar un ensayo. ¿Y no le gusta? -No lo entiendo. Yo hice un poema exaltado, poético, y el adaptador ha transformado los personajes en bufos payasos. -i Mejor! ¿Mejor? ¿Por qué? -Porque hoy la g ente prefiere divertirse; la obra será un éxito y usted se hará rico. ¡Ah!