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LETRAS, ARTES, CIENClAfí mal de D A r c a d i o socaliña como doña Julita, de la D e u d a piiblica, merced a un dcsttnillo que en tiempos mozos le donó S a gasta. Vicente y la Milagros, fieles servidores, media c e n t u r i a acaso, y a los que ya jubiló la duquesa viuda. Bautista, c o r r e t u r iios en la imprenta de Ei Globo, compañero que fué de P a b l o Iglesias y quizá del J u lián, ¡ese desgraciado Julián de La verbena, a quien n o dejó vivir tranquilo la S u s a n a y a quien no dejan descansar en m u e r t e los puristas que a ñ o r a n castici. smos Lucila, setentona con r o s t r o de aguafuerte, flue fué s u r i p a n t a a m o r inconfesable de im p r o g r e sista sentimental, pupilera, echadora de cartas, y en época moderna, e m b a u c a d o r a en cierto alijo de estupefacciones. U n inválido q u e salvó la pelleja del vómito antillano. Vv viejo histrión, c a r r a s p e a n t e y seco, q u e le liizo a p r e t a r a D. A n t o n i o T r a j i n a n t e s de lllescas. de O c a ñ a y Alcobendas. U n sacer dote y el dueño de la botillería, café o lób r e g o pozo de r e c u e r d o s H u í de todos, y encontré acomodo solitario bajo el cuadro, que alli existe, copia de la misma crinta y donde se r e ú n e una j u ventud animosa y decidida. Pedi café, mezcla detonante cocida con itifernales p cimas, y esperé el servicio. De. sde una mesa p r ó x i m a un h o m b r e escud r i ñ a b a mi indumento. Recién llegado de Inglaterra, me había lanzado a la calle e x hibiendo un pantalón Iwmbacho y mis n o mal t o r n e a d a s pantorrillas. ¿Quién era aquel h o m b r e? ¿P o r qué su gesto triste y melaii cólico, su bondadoso m i r a r y sus finos ademanes antojábansemc im algo íntimo? ¿P o r qué me aguijoneó aquella e x t r a ñ a atracción de su per. sona? ¿P o r qué inicié con azora dos riuTiplimientos mi c o r t é s saludo r- -I n ú t i l m e n t e t o r t u r a su m e m o r i a- -m e dijo el desconocido, ante un gesto mío, inexpresivo y recelo. so- Son vanos todos sttesfuerzos imag- inativo. s. N i m c a hubo amistad ni trato entre nosotros. E s esta la priniera oc- i. ión en que nos e n c o n t r a m o s de p o r viJn. -S i n embargo- -inquirí- si me dijeseis r. ótiio os llamáis. ¿Y p a r a qué queréis saber mi n o m b r e? E s vulgar. U n o de tantos. M a r i a n o José, L u i s Cualquiera, ¿El apellido? -P o n g a m o s -l igareío. Advertí en él una mueca más que u n a sonrisa de ironía, v me di por n o enterado del engaño. Soy. si deseáis saber a quién os dirigís- -añadic) un viejo desconocido llegado de. sde el más lejano confín. Viajo por olvid a r r e c o r d a n d o al propio tiempo. A b a n d o n é a los míos ante la pesadumbre le no p o der poseer lo que soñaba. Mi íelicid; id eterna. Cometí u n delito, v m e impu. se al m i s m o tiemix) la nena. P e r m a n e c e r é a (uí pcK- o tiempo. Sov v i a i e r o en estación de empalme... Pues y o deseo que seáis mi a m i g c ¡P o r m i Y levantándo. se, a h o r a con siíbiio aceUr a m i e n t o vino h a s t a mi mes? -S e n t a o s- -l e dije, y le indiqué mi niestr. i Levantó su m i r a d a hasta el c u a d r o ii fraternos contertulios, y profundizo en e alma de cada u n o m á s que en sus c a r a r terí. sticas, L o s conocéi s? ¡M e fueron f a m i l i a r e s! A n i n g u n o tr; it é pero todos vivieron ¡ara mi recuei- d i- -i S e r á n sus amigos -E r a n í o fx; ro se me han escabullicif, y n o los encuentro. D e todos, tan sólo el mofletudo P a t r i a r c a uizá algi m otro, bebían de mí y me aluden. IMS demás aconir. daron su bienestar transigiendo. Claro. ¡M; i bía q u e vivir! I espués de este n u e s t r o insospechado enc u e n t r o eslabonamos con mavor a r r a i g c! i ami. stad. Nunca supe de donde llegó, n; m tenté investigar adonde se dirigi; Seguimos nuestra vida, atento yo a mí. deberes, v afano. so él p o r cumplir ol) lig; i ciones a las o u t determinó acomodar su lar ga o corta existencia. En horas de desr. -n so seguíaTt) OS reuniéndonos en eí rincón pombiano. N o faltaba h igarelo ni ima soi; tarde. Yo tampf co. ¡íran ya n u e s t r o- ni, i gos la pensionista, ei viejo perduiariü. Li: cüa. ei inválido, el sacerdote, los trajin. -i; tes y hasta el dueño del café. T a n sólo a T a t a T e t é y l o t o no e fuimos gratos. Sin embargo, c i e n o día nu pareció a d v e r t i r que T o t ó y l- ¡gare Aquella t a r d e se retra, s niás que de costumbre. D o ñ a Julita temió or el pa. yo los chocolates. Se les antojó a las niñas to marlo con churros, y eran aún m á s caros. I a. stiir del t u r n o temía m á s que doña luiitíi. ya que su predece. sor le advirtiera, ai ven derle la plaza, que la vieja pensionistíi er, -i lámina de la Deuda, sin cupón d v e n o miento. Lucila v don Arcadio cuchichea l) an quedamente. No eran ajenos a) cotilieí. Bautista, Vicente v la Mila. irros, Los noni bres de T o t ó v Figareio estaban de taiui; í. Me llegué a impacientar. ¿S a b e usted qué puede ocurrí ríe i míe- tro a m i g o? -o r e e u n t é a Totó, -Xo. -E. sta n o sabe nada- -interruiii ii i (ionii lulita- T o t ó no ve a ese caballero a o t l a b o r a s que n o sean las de la tertulia. Mis nietas han sido educadas a la antigua -L o coni! rendo, señora. ¡Las íialirá educa lo usted N o recogió doña lulita la intención df mí respuesta, va riue a ella correspondió con afectuosa somisa. Al fin llegaba el deseado. Xquietáronse los nervios d e doña Julita. S o n r i ó beatífico c nieto de don P el, avo. Se hizo conver. s. -icioü general, y Toté dio suelta a sus prepar. idi mohines de disgusto, qvo utilizara sin dii! i ya otras veces. Q u é ic ha o c u r r i d o -p r e g u n í e i i garelo, m i e n t r a s los importunos conteriu