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B R Í G I D A Y SU BODA BRIGI DA Y SU NOVELA. BO D A ORIGINAL DE B E R T A B E R N A G E Traducida por José Campo Moreno I l u s t r a c i o n e s de E m i l i o Ferrer. (Continuación. Protesté, i Nada de palo de rosa! Todo el mundo lo lleva. Además, no sentaría bien a mis damas, que son rubias. Si he de decir la verdad, no puedo ver ese color palo de rosa desde que me enseñaron a cierta Laura Martín, bella como Antinea, postulando en la boda de Ramona, con un vestido de terciopelo de ese color. Muchas lágrimas lloré por su culpa... ¡pobre Laura! Dicen que se marcha a Grecia con sus pinceles y que allí conquistará la celebridad. ¿Quién dijo- -me parece que fué madame de Staél- la gloria es el luto espléndido de la felicidad ¿Quería Laura a Gaspar antes que yo? Nadie lo ha dicho, pero lo cierto es que ella se marcha. ¡Pobre Laura! Volvamos a mis damas. Irán, pues, vestidas de color de rosa, de un tono un poco malva, lindo, espiritual, fresco como las flores de la montaña, que hará muy buen efecto junto a la blancura de mi traje de novia. ¡Oh, mi vestido blanco, de rica seda con reflejos de nácar! Ayer sacó la modista la tela de la caja alargada, donde dormía esperándome, y aquella blancura tan suave, tan pura, me conmovió como los tules de mi primera comunión. ¿Era aquello para mí, para la niña Brígida, que aún ayer se divertía como una chiquilla con la muñeca de trapo que ha regalado a su amiga Cristina? -La señorita va a estar lindísima con su traje de boda- -me dijo la modista- Con una diadema pequeñita sobre el pelo corto... i Ah! ¡Se me olvidaba que no se ha cortado el pelo... Esta observación de la vendedora de frivolidades me sacó de mi ensimismamiento, i Qué diría papá, que no está al corriente de las modas del día, si tuviese que llevar al altar a una novia peinada como un muchacho? Más adelante... si sigue la moda... ¡Y, sobre todo, si no se opone Gaspar! Porque ya estoy viendo que haré todo lo que él quiera. Esta docilidad, nueva para mí, me tiene confusa. ¿Quién me iha cambiado en lo que soy? De seguro que ha sido el amor, el amor, que me hace soñar ante la nie e de la seda, como soñaba mamá ante las lilas blancas. RA dichosa... aunque me daba un poco de rabia haber cedido. No deseaba, ni mucho menos, obedecer así a mi novio. Le expuse mi linda teoría acerca de la igualdad en el matrimonio, y el grandísimo picaro se rió al preguntarme si le confundía con algún tirano. -No, pero te quiero mucho y me da miedo hacer todo lo que quieras, lo cual será probablemente muy aburrido. ¡Ya sabes que no soy perfecta! ¡Pobre Brígida querida! ¿Qué iba a hacer yo con una novia perfecta? Pues tú bien lo eres. No protestes, hombre. En clase de muchacho, vales mucho más que yo como muchacha. Eres más formal, más religioso, más firme. Se puso muy serio y me contestó: -Estuve en la guerra, que dejó su huella en las almas para toda la vida; pero sigo siendo un joven imperfecto. Como todos los artistas, tengo excesiva susceptibilidad orgullosa, demasiada sensibilidad nerviosa. Me desanimo, me entristezco, pierdo mi entusiasmo por el trabajo, mi fe en el arte, mi voluntad de hacer. Tú eres, novia querida, con tu alma llena de sol, lo que yo necesitaba. Tú serás mi alegría, mi gozo, mí esperanza. Cuando estuve en Italia, visité el pueblo de San Francisco de Asís, leí las Florecillas y recé al venerado Santo, que permanecía jovial del todo, constantemente. ¿Recuerdas su diálog- o con el hermano león? Hermano león, ¿cual es el gozo perfecto? Y el hermano león enumera todas las cosas buenas que contribuyen a la felicidad de un alma. Pero, no; San Francisco consideraba que la dicha perfecta estriba en el bienestar y en la lucha. Entre los bellos paisajes de Umbría vi, querida Brígida, lo que le faltaba a mi alma, demasiado apasionada por la felicidad humana. Luego comprendí lo que garantiza la verdadera felicidad: ante todas las bdllezas creadas, San Francisco entonaba un cántico al Sol, y bendecía a Dios. Tú, que eres tan vibrante, me ayudarás a interpretar el cántico al Sol. ¡Ya ves, amada mía, que eres la mujer que yo necesitaba! Me parece que todas nuestras discusiones han de acabar del mismo modo... Así, pues, María vendrá con Emilia, Mercedes, Chonchón, Elena y Cristina, y todas con vestido de color de rosa. -El color palo de rosa es elegante- -opinó Dionisio, a quien interesan todos los detalles de indumentaria. E Brígida, recién casada. LA SEÑORA BRÍGIDA DE HAUTEVILLE Cielo azul, árboles floridos, vestido blanco, sombrero de paja... Frente al Mediterráneo, de color de turquesa, sueño a solas