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E S P E C T Á C U L O S jorado, y Eduardo Bargas, empresario a la sazón del teatro, se sacrificó haciendo el p- apel de Jeremías, y no ya como cantante, sino también como actor, fué aplaudidísimo, con entera justicia. No he de acabar asta artículo sin hacer mención de un elemento importantísimo, que durante varios años prestó señalados servicios a autores y Empresa, coadyuvando en la medida da sus fuerzas al mayor éxito de muchas obras del género chico, como ya lo habían hecho in illo tempere distinguidos antecesores suyos en obras del género grande, como Los madgyares. La vuelta al mundo y Los sobrinos del capitán D. JOSÉ MESBJO la puerta del ventorrillo... etc. etc. hicieron reír grandemente al público, así como todas las graciosas situaciones del segundo y del tercer acto. Respecto a la música, raro fué el número, qua no se repitió: todos son inspirados y de excelente factura, pero los qua halló el público más de su gusto fueron el terceto del caramillo, el baile popular, la romanza de tiple, el dúo da éstas, las coplas coreadas de la siega y el célebre coro de los doctores. Número es ésta de los que merecían un solo capítulo; no puede darse mayor conjunción de letra y música, si graciosa tr, la una tan graciosa es la otra; ni aquella música podría sar para otro cantable, ni aquel cantable para otra música. Así lo reconoció el auditorio, que aún estaría oyendo el número a ser posible. Se puso la obra a todo lujo: vestuario nuevo y preciosas decoraciones, pintadas por Luis Muriel y Amallo Fernández, notables escenógrafos. La ejecución, excelente hizo el rey Almerinda Soler, cuyo solo nombre es la mejor alabanza; al da Rosa, la Fabra, y la Galán el de característica. Daniel Banquells, que en La choza del diablo lució sus dotes de actor dramático en el difícil papel del idiota, demostró en al del General descañonado que también era un baio cómico de primer orden; Gimeno, el antiguo bajo, que asustaba en otras obras del repertorio con su profunda voz, creó un capitán graciosísimo, que nadie ha me- DANIBL BANQUELLS. (FOTO JULIA) Grant. Me refiero a la famosa burra de Apolo la Platera. Y famosa fué, porque trabajó en infinidad de obras, entre otras: El monaguillo, Los aparecidos. Las campanadas, etc. etc. y jamás hubo de suspenderse una representación por culpa suya, ni pidió aumento de sueldo, ni se quejó de que no la aplaudiese la claque. Manuel Fernández de la Puente.