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E S P E C T Á C U L O S que más se celebraron la noche del estreno pueden contarse la salida del tenor, el referido dúo cómico, un baile popular y los finales de los actos primero y segundo. Todos ellos alcanzaron los honores de la repetición y valieron grandes aplausos al autor, que dirigía la orquesta. De El rey que rabió, como obra conocida de la generación presente, pues continúa representándose con relativa frecuencia, poco he de decir por lo que a ella misma se refiere. Que en el libro derrocharon su gracia Miguel Ramos Carrión y Vital Aza, y que es un modelo de obras cómicas todo el mundo lo sabe, y que la partitura atesora infinidad de bellezas solamente lo ignora el que no haya tenido la suerte de oírla. Pero sí contaré el efecto que produjo ¡a noche de su estreno y las filigranas de la interpretación. La originalidad del asunto llamó desde el primer momento ¡a atención del público. Aquel rey que quiere hacer una excursión de incógnito por sus Estados, que ha visto florecientes en viaje oficial, y aquellos graciosos ministros que se conciertan para tapar lacras, interesaron de verdad a los espectadores, y todo fué sobre ruedas, como suele decirse, desde la primera a la última escena de la obra. La aparición del rey, disfrazado de pastor: la del general de Artillería, descañonado; la comida de ambos a D. VITAL AZA. (FOTO JULIA) En esta obra tomaban también parte la Hernando, Irene Alba y Consuelo Mesejo, que la estrenó con gran éxito en Barcelona y más adelante fué característica en teatros de Madrid y provincias. Y pasemos al teatro de la Zarzuela: en éste se estrenaron en 1891 dos obras del llamado género grande: La choza del diablo, de Caballero (10 de abril) y El rey que rabió, de Chapí (20 de mayo) La choza del diablo, libro de Ramón Ramírez, es un melodrama que alcanzó extraordinario éxito, que en su época se representó por todas las compañías líricas de España, que entonces eran muchas, y que no ha vuelto a representarse, no me explico la causa. Trátase de una de las mejores partituras de Caballero, como así lo reconoció el público, la critica y el propio maestro. Cantó la parte de tiple Almerinda Soler Di Franco y la de tenor Eduardo Berges, luciendo ambos sus orivilegiadas voces. En esta obra, primera que estrenó Matilde Pretel, alcanzó ésta un señalado triunfo, que aún recuerdo gozoso, en el dúo cómico del acto segundo. Y a pufito estuvo de no poder cantarlo, porque, en uno de los mutis del acto primero, y por salir precipitadamente de escena, se dio un golpe con una rema de hierro que sujetaba la puerta de la decoración y se hizo una lesión en la frente. Entre los números musicales D. JOSÉ JACKSON VEYAN. (FOTO ATJDOUARDJ