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ESPBCTACTJX. OS PALABRAS DE UN ESPECTADOR El Cine cada ocho días F iLiBUSTEROs modernos. Otra película de piratas, pero no de grandioso trémolo, como ¡Valga... Wolga... ni siquiera de intenso dramatismo, como La ruta de Singapoore. No. En Filibusteros modernos, el delito marítimo del robo y del asalto- -contrabando de bebidas alcohólicas, en este caso- -no se presenta con torvos caracteres; antes bien, con pergeño y silueta casi amables y galantes, como una travesura ingenua o una picardía chistosa, salvo algunas escenas acres y disparatadas del final desolador. En Filibusteros modernos, la superficie se riza levemente de emoción dramática, mientras en el fondo discurre una fábula de almas casi sencillas. Aquellos terribles contrabandistas que en las tabernas de los suburbios de todos los puertos europeos encienden sangrientas pendencias asoladoras y que en los mares levantan en su torno el remolino de la alarma son, en la entraña, unos infelices rapaces. Este es el sentido de la película, de fuerza dramática claramente filiada en el tipo norteamericano de argumentos cinemáticos. Toda la bravuconería altanera y provocativa, todo el cinismo y toda la crueldad de los piratas de Filibusteros modernos están modelados premeditadamente con barro tan precario y leve, que el soplo de la acción irónica y socarrona se desbaratan en un montón de episodios casi humorísticos. Y como esa acción está -además de muy hábilmente construida- -magnificada por la grandeza del mar, la película adquiere nuevos alicientes, que aún se acrecen con los que dimanan de la interpretación admirable a- cargo de John Gilbert y de Jean Crawford. Hay fotografías magníficas, y en todo momento la cinta mantiene su interés y su emoción, que debe, sobre todo, a la labor de los intérpretes. Monsieiir Beaucaire. ¡Rodolfo Valentino! Este nombre remueve en miles de almas- -i acaso en millones? -la semilla de la sugestión fascinadora y las heces de un dolor evocativo... Sin embargo, Rodolfo Valentino no ha muerto del todo. Los peliculeros, que viven exorbitantemente y con ansias de cíclope la vida- -toda suerte de vidas- -a través de su oficio, no mueren del todo cuando se mueren. Para miles o millones de gentes, Rodolfo Valentino vive tanto ahora mismo como cuando palpitaba su triunfo en Los Angeles; o, dicho de otra manera, Rodolfo Valentino sigue siendo para esos m MOMENTO DE EMOCIÓN EN FILIBUSTEROS MODERNOS