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LETRAS, ARTES, CIENCIAS Un justo homenaje. EL M O N U M E N T O A GUSTAVO E I F F E L F RANCIA acaba de rendir un homenaje a la memoria de Gustavo Eiffel, el autor de la gran torre metálica de su nombre. Efectivamente, al pie de la columna del Norte de aquélla ha sido instalado el monumento dedicado al audaz constructor; un monumento modelo de sencillez, como la figura a quien está dedicado. Se trata, simplemente, de un monolito de considerable altura, limpio de adornos, al que rodean cuatro largos bancos de piedra, sobre el que se destaca el busto del ingeniero inventor. Detrás del monumento, plantas y flores. Eso es todo; pero no por sencillo deja de ser bello el conjunto, cuya parte escultórica se debe al cincel de Bourdelle, y la arquitectónica, a Perret y Granet. Ju, sto homenaje el que Francia dedica a uno d e sus hijos más preclaros. Eiffel, muerto a los noventa y un años, después de una vida admirable y ejemplar de trabajo, fué un hombre enérgico, lleno de fe, de una fe que no conoció obstáculos, y de una serenidad envidiable. Nunca, ni en las épocas de adversidad que atra -iesan todos los grandes innovadores, Eiffel perdió el dominio y la confianza. Ante los obstáculos que li. a 51 ó en- U camino cuando intentaba realizar la S obra que entonces se tachatja de revolucionaria en el orden científico, no desmayó. El proyecto de la gran torre que lleva su nombre fué combatido con extraordinaria violencia por técnicos y arti. stas, que le tachaban de fantástico. Pero Eiífel dio tiempo al tiempo, y los hechos no tardaron en demostrar que él genial inventor no era un desequilibrado y sí un precursor, un cerebro privilegiado. Y su proyecto fué una hermosa realidad. r. -a gran torre, cuyo capitel esbelto domina París, se elevó majestuosamente para asom- GÜSTAVO lílFB- EI. EN SO C- 4 S. EN 1 8 8 9