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B R Í G I D A Y SU BODA ¡V A Y A! ¿D B MODO QUE E B E S E U ¡Q U E ATRASO, H I J A! ¿T TF. P R E P A R A S GANAR CON QÜB V I V I E? forme con el ideal de Gaspar y de Mercedes. Además, convirtiéndome en madre de familia durante dos horas diarias, realizaré mi aprendizaje... Acabo de decir a mamá: ¡Cosa hecha! Acepto. Me encargaré de cuidar a las cuatro criaturas. Mamá se alegró mucho. ¡Hija mía! ¡Me satisface de veras que seas así! Me dejé besar, y como al hacer aquel sacrificio se me saltaban las lágrimas y no quería llorar, empecé a hablar de telas y vestidos. i Qué bien voy a trabajar este invierno! ¿Volverá pronto Gaspar de su viaje? Te espero, sábelo, y ni siquiera tengo la seguridad de que me ames. Brígida, apenada. Ayer me escribió Mercedes: ¡Regresamos a Parí Brígida! Vamos todos. Mamá y yo nos hemos despedido de Los Zarzalillos, que siguen tan lindos, a pesar del invierno. Mi hermano ha salido ya de Italia. Voy á verte otra vez, y esta idea me consuela de mi alejamiento del campo. Te llevaré muérdago, acebo y manzanitas encarnadas. Tú me dirás las novedades de París. ¡Hasta muy pronto, mi mejor amiga! H e roto en mil pedazos el pliego grande y azulado. Quiero mucho a Mercedes, y a pesar de ello quisiera no volver a verla. Mercedes es la hermana menor de- Gaspar; se le parece, y yo quiero olvidarme de su mirada, de su voz, de todo lo que revela almas semejantes, almas elevadas como ya no las hay ahora. Haré lo mismo que María: me divertiré cuanto pueda; buscaré un hombre rico y tonto, un hombrecito que me regale una sortija de esponsales magnífica, como anticipo de un automóvil y un collar de perlas. Me despediré de mis propósitos de perfeccionamiento... Gaspar no me quiere. (CONTINUARA EN EL NUMERO PROXIIHO)