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LA M U J E R T LA CASA Ya sé que algunas bailarinas aún la llevan por ahí, aunque como avergonzándose de ella, vistiéndola de seda, como vestirían a una parienta pobre para sacarla en sociedad. Pero ya no es eso. Ya no es ella. La que a n t a ñ o no hace aún mucho, reinaba en todos los tablados sevillanos, la que hacía del baile de las que la llevaban algo aparte de todos los bailes. Primavera, Sevilla. Entonemos el responso de la cola almidonada de nuestras ba laoras. Fanny Breña, ola buena irra iación Se ha dicho: la invasión a r g e n t i n a Y también la plaga. Di- gamos, lo del otro: íi es broma- -la frase- -puede pasar. ¿Q u e a u s t e d le apestan los tangos? A mí también. ¿Que de da a usted un ataque en cuanto ve aparecer a un mozo con pañuelito de seda al cuello y pantalones de gaucho para la exportación que le viene a cantar por qué le abanFANNY EEENA, donó su china y por qué abandonó él a su viejá? A mí, si no me da, es porque logro dominarme. Pero piense usted en lo que irá de acá para allá. Y piense, sobre todo, que la ola argentina nos ha traído algunos valores artísticos positivos y alguno que otro no revelado todavía. En vísperas, sí. Porque ya ha sido anunciada en letras de molde, o sea oficialmente, la inminente actuación de Fanny Breña. ¿Fanny Breña? No, no busquéis. Ni bombo ni platillo la han acompañado en su viaje. Una brevísima aparición- -un día- -en una función benaventiana; el entusiasmo agradecido de D. Jacinto; hasta ahora, aquí, no hay más. Allí, o sea en su patria, el ser la única actriz argentina que ha logrado llevar a cabo una temporada de verso en el teatro Cervantes, solar de doña María Guerrero; el haber dado palpitación de vida a las heroínas del gran teatro europeo, desde la ILUSTKE ACTRIZ ARGENTINA. (FOTO EIXIO) Magda, de Suderman, hasta la Martine, de Jean Jacques Bernard. Y se ha venido así: calladita, modosa y modesta cual principianta que viniese a cosechar los primeros aplausos de su carrera. Olvidemos los tangos y celebremos la irradiación argentina. T a n natural p a r e c e Una mujer juez. Tantas veces nos hemos proclamado opuestas al feminismo desenfrenado que los países anglosajones comienzan a desteñir sobre España, que por una vez proclamaremos también muy alto la excepción que nos gustaría ver imitar. Y no es que creamos que la mujer habria de ser juez más ecuánime que el hornbre. Por el contrario... Pero esto es capítulo aparte. El juez en cuestión (diremos juez, contra toda lógica, ya que jueza parece reservado a la esposa del primero) el juez