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GRAN MUNDO CRÓNICAS DE PARÍS Bellezas A m e r i c anas A Prensa francesa y española se ha ocupado recientemente del matrimonio de la distinguida y bella dama argentina doña Sara W i l k i n s o n viuda de Santamarina, con el general italiano Marsengo. La gran fortuna de la novia, que habita en París uno de los más bellos hoteles, cuyas salas, repletas de obras de arte, han aparecido fotografiadas ilustrando una de mis pasadas crónicas; la elegancia innata en su persona, que se revela también en los menores detalles de su casa; el agrado de sus fiestas, que reúnen en los salones de la rué Pauquet a lo más ilustre de la colonia argentina, con las personalidades más salientes de la sociedad francesa y cosmopolita, prestaba interés al anuncio de su boda con el prestigioso genera! Mauricio M a r s e n g o que tanto en su patria como en España goza de g r a n d e s simpatías. E n E s p a ñ a se presentó por p r i m e r a vez, sienao capitán del Ejército italiano, como agregado militar a la Embajada de su país. Allí prestó muy grandes servicios, captándose las simpatías de varios de los representantes del Rey Víctor Manuel; su don de gentes le abrió pronto las puertas de nuestra sociedad aristocrática- -puertas que no se abren con facilidad al extranjero- organizó cuantas fiestas se celebraron en el antiguo palacio de Abrantes y mereció el honor de ser muy bien acogido por nuestros Soberanos; la figura del capitán Marsengo se hizo popular en los Círculos madrileños. Durante la guerra fué agregado al Cuartel general ruso, y volvió con el grado de coronel a prestar nuevamente sus servicios en la Embajada. Ascendido más tarde a general, fué nombrado ayudante honorario de S. M. el Rey de Italia. L LA GENERALA MAKSENGO consagrada a los cuadros de nuestro gran Zuloaga. Y ahora, ved ese retrato de la señorita Elena Patino, que muy pronto se llamará la marquesa del Mérito, por su ya próximo matrimonio con el primogénito de la marquesa de al. paraíso, grande de España y dama de la Reina. El fotógrafo ha sabido sorprender el encanto indefinible de esa belleza boliviana, cuya cabeza ciñe como una diadema la espesa trenza de su negra cabellera. Elena Patino es hija del opulento D. Simón I. Patino, ministro de Bolivia en París y Madrid, y cuya fortuna está considerada como una de las primeras del mundo. La Legación en París ocupa desde hace años el soberbio palacio de la flamante Avenida Foch- -antes del Bois de Boulognc- que perteneció a los señores de Iturbe. Y es en aquellos salones, que decoran maravillosas tapicerías de Bauvais, donde la señorita de Patino ha sabido cautivar con su inteligencia y con su gracia a la sociedad parisiense. Es en esa residencia fastuosa donde se celebrará la boda a fines de mayo. Ahora el nuevo matrimonio ha fijado su residencia en París, y ya el suntuoso palacio antes citado es punto de cita de lo más ilustre de cuantos españoles e italianos pasan por París. Y del afecto que la generala Marsengo profesa a nuestra Patria es buena prueba las obras de artistas españoles que ha reunido, entre las que ocupan puesto de honor un magnífico retrato de Goya, que representa a un ascendiente de la casa de Veragua, y toda una g- alería