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D E P O R T E S r ri ir i i DESPEGUE CASI VERTICAL, D E L APARATO D E L T E N I E N T E AMERICANO H A R P E R BOTADO D E LOS D I S P O S I- TIVOS RECIÉN INVENTADOS PARA IMPEDIR LA ENTRADA EN BARRENA DE LOS AEROPLANOS Según su inventor, el nuevo aparato menos pesado que el aire gozaría de una extraordinaria facultad, de la que podría usar sin dificultad ni riesgo: sus travesías se harían indistintamente por al aire o sobre la superficie del mar. Esta sería la mayor ventaja del aparato y lo que le distinguiría de todos sus congéneres. La fuerza la desarrollarían ocho potentes motores, y el barco tendría capacidad para 500 pasajeros, pudiendo desarrollar una velocidad de 200 kilómetros por hora de media. ¿No es cierto que parecen un tanto exageradas las afirmaciones del inventor de este bello juguete que aparece en la fotografía? Esperemos saber algún día lo que da de si en la práctica... si es que llega a tomar alguna vez verdadero aspecto de gigante de los aires y los mares. Hasta el presente el mayor peligro de la aviación, su más terrible riesgo, es la caída en barrena. Cuando un aparato, por pérdida de velocidad repentina o por cualquier otra causa, entra en barrena, el piloto más diestro sabe que puede hacer bien poco por dominar la situación. Si el avión está a bastante altura, caben todavía esperanzas de enderezarle, y en tan terribles instantes se prueban precisamente las cualidades de los pilotos. Tal vez por ello las acrobacias aéreas, y entre todas precisamente la de dejar caer el aparato por su propio peso desde cierta altura hasta otra prudencial en la que se recobran los mandos, no es tan locura como se pretende. Mas de ser cierto lo que afirma el teniente Cari S. Harper, del Naval Bureau of Aeronautics de los Estados Unidos, y que respalda con su garantía una conocidísima firma industrial, el grave riesgo habría dejado de serlo antes de mucho tiempo. Se trataría sencillamente de dotar a todos los aviones de unos dispositivos especiales, situados en unas ranuras colocadas sobre las alas de los aparatos, que restablecerían automáticamente a su posición normal de vuelo a todo avión que entrase en barrena. No tenemos el detalle que exigiría una comprobación técnica que quisiera demostrar el hecho apuntado, y por ello nos abstenemos de todo comentario hasta tanto que las pruebas, que parece habrán de lealizarse en breve en Filad el fia, afirmen o nieguen categóricamente la bondad del dispositivo, que, en caso favorable, supondría una de las conquistas más decisivas de la aviación. P or hoy nos limitamos a publicar esta fotografía del teniente Harper a bordo de su avión en el momento de recobrar, obligado por el dispositivo automático, la horizontalidad de su vuelo durante una breve excursión de prueba sobre el aeródromo de Pensilvania. Tom T av (FOTOS VIDAL)