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Íl- TRAS, ARTES, CIENCIAS Relieves sevillanos. E N LA F E R I A E S T Á LA ALEGRÍA E N la feria de abril, incomparable por sus raras bellezas y sus singulares encantos, tiene la alegría su aposento verdadero. Pasadla la Semania Santa, con sus nazarenos penitentes encapuchados, sus divinas imágenes y sus esplendores de lujo y de ostentación, la feria de abril pone en esta ciudad maravillosa de lia Giralda su nota clara y vibrante de la pasión y del placer. Porque llega cuando la primavera es una constante risa, y el cie- I. A INFANTA LUISA DE ORLEANS SALIENDO DE LA CASETA DEL CIRCULO lo una esiplendorosa bóSBVIU. ANO, ACOMPAÑADA POR D. TOMAS IBARRA veda azul, y el sol una milagrosa catarata de infinitas claridades, las músicas de palillos y de coplas festivas, y los jardines explosiones de rosas, azahar llenando como de un glorioso himno a toda y claveles. Porque se celebra cuando el am- la ciudad. biente es como una apasionada caricia, y En el real de la feria todo es regocijado un aletear de fogosos besos, y un espolvoreo y placentero: alegres el color dorado de de polen fecundo. las sendas y el vivo color verde de las Arde el sofoco en las mejillas, y se inun- acacias que las festonean y le componen dan de deseos los corazones, y en las almas bóvedas tupidas con el engarce del azul prenden los fuegos de todas las pasiones celestial; alegre la estancia en las casetas, que inspiran al amor. Y hasta en las so- en donde la hospitalaria gente de Sevilla ledades y silencios de las plazas y calleci- derrocha el don de la hidalguía ofreciendo Uas más recónditas se quiebran los ecos de al forastero el placer de su más radiante EL K O C I DKL AÑADO EX LA l- E IA DE S E I 1 X A