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LETRAS, ARTES, CIBXCIAS EL A IAUD, A IIOMBRO. S DE LOS JEFES DE KEDACCIOS, S 5 ECRETARIA Y TALLERES, AL LLEGAR A LA PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN, EN CDYA CRIPTA ¡fUE INHUMADO mana y creciente marea que se atrepella y se estruja y apelmaza, y pugna, en noble y cordial pugilato, por desfilar ante los restos queridos... Codies de la Casa Real, carrozas del Senado, presidencias y representaciones oficiales... Penachos y cintas, caballos ue caracolean Í! npacientes y tasca- dores, multitud popular que quiere sumarse al doloroso y estremecido momento, y que se desaibre, fervorosa y respetuosa, callada y homogénea, en un mismo y latente sentimiento... i Y el cortejo funeral, caliente, devoto, apretado, compacto y ondulante, que se derrama, como un negro río de dolor, por la avenida que dora y pone en hervores, cuasi de primavera, un sol que es doblemente adorable por saber engastarse tan bizarramente- -diamante de quilates inmensurables- -en el zafiro límpido del cielo madrileño! ¡Desventurado y, a la par, afortunado padre y maestro! La luz de este día te alumbra radiante y esplendorosanicnte: lian perfumado tu agonía y tu última noclie entre los tuyos, lilas de la Casa de Campo y azahares y claveles del Parque de Sevilla; te siguen tus hijos, tus amigos, tus di. scípulos, V. frente a tu casa solariega Í BLANCO Y NEGRO Y A B C, la legión, satui ada amores, de tus obreros queridos. ha ensordecido un punto el fragor laborioso de eS: tas máquinas regadas con tu oro y con tu sudor y con tu llanto, para que sólo se oiga el latido de sus corazones al depositar en silencio sobre tu carroza de muerte una corona de flores, frescas aún del rocío de esta madrugada siniestra... Ha llegado la hora de la despedida suprema: la negra oquedad de una cripta aguarda la noble presea que a costa de tanta brava resistencia ha logrado, por fin, señorear para siempre... Olor a humedad y a cera... Postrero resbalar salobre de lágrimas filiales... Luego, y para siempre, (juietud que sólo podrá ya mover el dedo de Dios, y detrás de una losa fría y no grabada aún, la ceniza que en vida ha plasmado con su aliento un arquetipo, un canon, un evangelio y un confalón, tremolante e indestructible, de fe, de trabajo, de amor, de ejemplaridad y de ciudadanía, y, sobre todo, flores, flores, flores que, como lágrimas perfumadlas de gratitud V de cariño, han llorado sobre su hijo pre- dilecto los vergeles encendidos de su Sevilla solariega... Manuel de Góngora. de dignificaciones y reivindicaciones y