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BRÍGIDA Y SU BODA BRÍGIDA NOVELA, ORIGINAL Y SU DE BERTA BODA BERNAGE Traducida por José Campo Moreno I l u s t r a c i o n e s de E m i l i o Ferrer. (Continuación. UES mira. Chonchón, por mucho que te gusten la vida silvestre y los vestidos viejos, tenemos que ir a nuestro cuarto en seguida para vestirnos de blanco, de pies a cabeza. Ya sabes que toda la gente de estos alrededores viene a jugar al tennis y a merendar aquí. Hay que ponerse guapa, hija mía. ¡Qué bien se juega, sólo para jugar, en Los Zarzalillos! No hay snobs, no hay flirteos. La mayor parte de los jóvenes de aquí pertenecen a Agrupaciones católicas o patrióticas y se interesan mucho por el porvenir del país. De las muchachas, unas estudian para examinarse, resueltas a dedicarse a alguna profesión, y otras se consagran a obras sociales o religiosas. Esta es la buena, la verdadera juventud francesa, ni timorata ni retrógrada; animosa en sus juegos como en el trabajo o en la acción. Me acuerdo una vez más de Micaela, muchacha sin fortuna, educada en un ambiente de frivolidad, y que no sabrá qué hacer si se queda soltera. ¡Quedarse soltera i Eso les ha pasado a las tías de Mercedes. Una de ellas, Ana, dirige un dispensario en París, y la otra, Renata, una biblioteca popular. Las dos son muy cultas, muy agradables; tienen una moda propia, que siempre está de moda. Emplean con el mayor provecho las vacaciones, que pasan en Los Zarzalillos; han instalado la radio, dan sesiones de cine, y como Ana trae un auto y lo guía ella misma, visita y atiende a los enfermos en diez leguas a la redonda. Mañana nos llevará en el coche a bailar, a un castillo dé las cercanías. Realmente, a nadie puede ocurrírsele llamarlas solteronas. ¡Oué palabra más fea! Después del tennis, la merienda, servida en mesitas sueltas esparcidas por el jardín. Yo ayudaba a Mercedes a servir los pasteles que nosotras mismas habíamos hecho, i Sí, señor; nosotras! Y oí que una señora anciana decía a la dueña de la casa: Hoy tiene usted dos hijas: una rubia y otra morena. Es encantadora esa señorita de Louvain. Había que casarla... con Bernardo Desurmont, por ejemplo. Me parece aue le ha gustado mucho su carácter a la moderna. Yo me puse muy encarnada. ¿Casarme con Bernado Desurmont, ese muchachote que me mira con oios de perro fiel? i No, nunca! Acaso me admire él, pero yo deseo ser admiradora de mi marido. Quiero que el que haya de serlo tenga una personalidad. P talento, ¡que sea alguien, en una palabra! Si no lo encuentro asi, me quedaré soltera, como las tías de Mercedes. ¡Por fin empiezo a saber lo que deseo! Maliciosamente ofrezco a mi admirador rebanadas nada más, pero no pasteles, ni frutas, ni nada que beber. El pobre chico se atragantaba. Luego tuve remordimientos- -en Los Zarzalillos es imposible ser mala- y le envié, por mediación de Chonchón, unos platos de pasteles y una mezcla exquisita de vino blanco con fresas, preparada por una mano blanca que ya se ha puesto muy morena. Chonchón se esfuerza por imitar mis gestos con una fidelidad conmovedora, pero pierde el tiempo: Chonchón no es Brígida. ¡Pobre Bernardo Desurmont! Por la tarde montamos en bicicleta para acompañar a nuestras amigas. Mañana, baile. Por la tarde, merienda campestre. El domingo nos quedamos aquí para asistir a los oficios en la iglesita adornada por Mercedes con flores, y con tanto cariño. Mercedes toca el órgano; sus tías dirigen los coros, formados por muchachitas del pueblo, y yo descubro mucho mejor que durante la breve misa rezada que oía en París la maravillosa poesía y los tesoros de gracia de las plegarias litúrgicas. Me gustan mucho, mucho, mucho Los Zarzalillos. Dionisio me telefonea diariamente y me dice que ya no es contagiosa su enfermedad, y que debo volver a casa. -i Está muy feo eso de abandonar a un hermano, como me has abandonado t ú! Me gustaría que te aburrieras de muerte ahí. No puedo creer que en esa casa encuentres cuanto hace falta para estar distraída. -Pues te equivocas; tengo de todo: tennis, barcas, bicicletas, hamaca, automóvil, libros a boca qué quieres, vecinos muy simpáticos... ¿Y flrts también? -pregunta él descaradamente. -No; eso no me gusta. ¿Te has convertido? ¿Me han cambiado a mi hermana? En el momento más interesante se interrumpe la comunicación siempre. Mejor. Pronto verá si estoy cambiada o no ese picaro hermano. Y la verdad es que no sé por qué cambio. ¡Quién había de decírmelo! Cuando escribo estas líneas, una noche deliciosa envuelve el campo dormido. -i Ya es hora de acostarse! -me grita