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LA MUJER Y LA CASA Fué a parar a un hotel fashionable de Londres, en donde no falta nunca una magmfica sala de baile. La señora en cuestión no ha podido introducirse en los círculos elegantes y no es tampoco del estilo de esa gente que sostiene a su alrededor una nube do ijarásitos. Se la puede ver casi todas las noch- con su cabello gris, muy bien v e s t i d a siempre por un modisto parisiense, cubierta de j o y a s acompañada de una señora de compañía y de su comp a ñ e r o de baile. Cena, charla, baila, o b s e r v a Y he aquí todo: mi amigo recibe 70 libras al mes, tiene todos los gastos pagados (incluso las cuentas del s a s t r e y del camisero, I El matrimonio! si s o n r a z o nables) y no Conozco a una que satiene otra cocaba diez libras de propina sa que hacer sino estar a su disposición para por semana en la mesa que le estaba resercomer y bailar con ella en todo momento, vada en un Club de baile de Londres, que ¡Y esto dura ya desde hace un año! pescó un rico sesentón que, al entrar casualmente en el restaurante, a la salida de un Los profesionales mundanos. teatro, con unos amigos, la vio y se enamo ró perdidamente de ella. Había el tal hecho Claro que nosotros no descendemos de una fortuna ocupándose de asuntos financiefamilias aristocráticas. Pero entre los bai- ros, y ella supo sacarle miles de libras antes larines profesionales hay gente muy bien que muriera. La mujer se retiró; ahora goza educada. Yo he trabajado en un Q u b don- de una gran fortuna y de una posición indede tenía un compañero que había sido ofi- pendiente y es muy buena para su madre, su cial en uno de los regimientos más distin- hermano y una caterva de hermanas menores, guidos del Ejército. Otro era un oficial de Por mi parte, supongo que, cuando ya Marina que, habiéndose enamorado loca- -me pesen los años y haya pasado un poco mente de una muchacha, se casó con ella, este furor por el baile, tendré que buscar presentando su dimisión para no tener que una mujer rica; pero no espero tener la separarse nunca de ella. Se gastó todo su suerte de esta última muchacha. dinero, y, al cabo, tuvo que ponerse a bai i, t, 1 u A 1 (Reservados todos los derechos. Anglo- Ameri- tenia cierta influencia, le buscó un empleo de bailarín profesional, y ella, a m vez, se dedicó también a lo mismo; es todo lo guapa que se puede ser, y le encanta este géñero de vida divertida. Ahora acaba de escaparse con un hombre que frecuenta los Clubs: un muchacho- con un auto estupen- -do, un piso lujoso y un padre rico. Esta clase de mujeres saca mucho más del baile que los hombres; l a s l l a m a m o s buscadoras de oro Cierto que hay algunas que no lo son, pero la mayor parte pueden colocarse en esta categoría. Algunas se casan, otras avanzan en la profesión y pasan a los cabarets e incluso a la escena; pero éstas son poco numerosas, y hay algunas, en fin, que se establecen por su cuenta en una academia de baile, mientras que otras sucumben a la tentación... lar para ganarse la vida, pues la verdad es can Newspaper Service. que no sabía hacer otra cosa. Su mujer, que (FOTO VIDAL) -iSk-