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LA UNA P R O F E S I Ó N HONORABLE MUJER Y LA CASA Confesiones de un Bailan n A sé que algunas personas me llaman gigolo, palabra que tiene un significado bastante desagradable. Pero, ¿qué le voy a hacer? Gano más de loa. ooo francos al año como bailarín profesional, y trabajo en los centros más lujosos de Londres, París y la Costa Azul. Me gusta el lujo y trabajo en procurármelo. Soy aficionado al baile v lo practico constantemente. Me agrada ir bien vestido, y poseo un magnífico guardarropa (é. ta es una de las más ineludibles necesidades de mi profesión, ya que las señoras son muy exigentes respecto a la elegancia de su escolta) Las mujeres me divierten y me interesan, y estoy constantemente a su lado. Actualmente, mi profesión atraviesa una buena época; es probable que ello sea debido al mucho dinero circulante, pues los sitios de placer están siempre llenos, o quizá también obedezca a que las mujeres alquilan a los profesionales para que las acompañen a los tes, comidas y cenas danzantes, e incluso a bailes particulares; esto es ya una cosa admirada, que en modo alguno puede considerarse como escandalosa. En septiembre último pasé tres semanas en Biarritz al servicio de una americana que se había quedado en Europa, una vez termi- Y nada su saison de Londres, mientras que su marido (un riquísimo industrial) había regresado a l,o s) Estados Unidos. Además de pagarme el viaje y el hotel, me daba 20 libras semanales. Era perfectamente honorable. Tenia una doncella, un secretario y un chauffeur para su auto. Yo no la veía más que para el baile, a la hora del té y después de la cena; no era, ciertamente, de las que se imaginan pagar también mi amistad y mi conversación, además del baile. Una vez la oí que discutía sobre mí con una de sus amigas inglesas: -Yo necesito bailar- -declaraba- y si no llevase conmigo un profesional tendría que alquilar aquí hombres que Dios sabe lo que serían. A éste le conozco; el director de mi hotel de Londres me lo ha recomendado, asegurándome que está siempre empleado en los mejores sitios. El marido indulgente. -Y tu marido ¿no hace ninguna objeción? -preguntaba la inglesa. ¿Jim... ¡N o! Me conoce... -Dime- -proseguía- ¿tiene celos tu marido cuando sales a cabillo escoltada por un groom, o cuando vas a hacer unos cuan- ...LOS SITIOS DE PLACER ESTÁN SIEMPRE LLENOS... (FOTO ORTIZ)