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LA M U J E R Y LA CASA zona, el tipo que los deportes y el aprésgucrre han ido cuajando al encontrarse de pronto con la mujer de a n t a ñ o quedó suspenso. Y e s t a mujer, que no es una camarada, un amigóte, sino algo todavía d i s t a n t e y un poco misterioso, esta mujer ha hallado en su corazón un camino que él ignoraba estuviese ya trazado ¡Tremenda confesión! Sobre todo por venir de quien viene. Montherlant, el de las Olímpicas, el vate de la vida fisica, sentimentalmente arrodillado ante la promesa de vida más opuesta a la que él ha cantado. Tremenda confesión, que nos dice- -y válgame la parodia- que si bien NARCISA hoy los muchachos prefieren a las que están más cerca de ellos. para vivir con ellas, para quererlas, prefieren a las otras! El alma pura de Narcisa F r e i x á s Estos días ha salido a luz el libro que los amigos de Narcisa Freixás dedican a su memoria. Homenaje sencillo, prueba de cariño y adhesión sin estrépito, como ella las gustaba: una recopilación de sus obras y, al frente, como corona de imperecedera amistad, los nombres de los suscriptores. Las obras de Narcisa Freixás: las Canciones infantiles, las Danzas populares, los Cantos... Esa es la obra escrita. Pero, ¿y la otra, la semilla más fructífera, esa Asociación de cultura musical popular, que tanto consuelo ha llevado a los presos, a los asilados, a los enfermos de los hospitales? Hace unos años Narcisa vino a Madrid, organizó unos coros, enseñó a unos cuantos maestros cómo se inculca en los pequeños la afición a la música y cótno se puede reemplazar las canciones estúpidas o malsanas de los niños por canciones que son ramas vivas del terruño, y, hecho esto, se fué. Calladita, discreta y desinteresada, habiendo renunciado de antemano al lucro y no buscando ni siquiera el aplauso, se volvió a su Barcelona natal a proseguir incansablemente su obra. Para el público de fuera era una buena señora, que se dedicaba a difundir la música popular, que organizaba hermosas fiestas para los olvidados de la dicha v que, de vez en cuando, aparecía como hada de la alegría en las escuelas. Para los entendidos era una de las personas que más hacían en España por la buena música y a quien más debía la resurrección de la música popular. Para los amigos era la amiga dilecta entre todas, la de la acogida siempre fraterna y el corazón siempre abierto a la cordialidad. Y para unos cuantos- -muy pocos- -era la mujer admirable que había convertido el mayor d o lor, la pérdida de su hija, en fuente de alegría para los hijos de los demás. Cuando murió su hija fué cuandO Narcisa Freixás inició su obra. Para no enloquecer d e c í a Para que el vacío que ha dejado no sea tan grande le ofrendan ahora sus amigos este homenaje. Cursilerías que no lo eran. Cunde el ejemplo. El FREIXÁS cjeiuplo dcl éxíto, natu- ralmente. Berta S i n g e r man, la excelsa iniciadora, tiene ya, entre nosotros, una descendencia bastante numerosa. La última nacida Margarita Robles, ha obtenido induso un éxito para el cual el calificativo de lisonjero queda harto estrecho. ¿Imitadoras? Antes que imitar diría que ahora se atreven. Saben que es posible. Hasta la Arg- entinita, en uno de sus bailes cantados, o cantos bailados, como gustéis, intercala unas coplas recitadas, magníficamente recitadas, y también magníficamente aplaudidas. Y es que el mayor milagro de estos recitales poéticos está en haber revelado a la generación del fútbol y del es brutal que los versos no son tan cursis como se fií uraba. Y, sobre todo, en haber conseguido que las niñas de hoy no se avergüenzan de sentir, allí en lo más hondito, las mismas emocione? que las que fueron niñas cuando estaba de moda citar a Bécquer. Yo no creo que a las recitadoras se les deba otra cosa que el regalo de su arte personal... que no es poco. Y, cuando las tienen, como Berta, verbigracia, de sus facultades excepcionales... que es mucho. En un recital lo de menos es lo que se recita, y el todo, como se recita. Porque soy de los que creen qae los versos no son lo que quiso el poeta, smo cuando son leídos a solas. Pero por eso prícisamente celebro esta fiebre poética; puesto que sirven hasta para funciones chic los versos ya pueden llevarse entre dos partidos, o dos tés benéficos, Lili o Mimí tal vez cojan un librito, lean unas páginas... y acaben por pensar que todo aquello no es tan lata como creían. Margarita T elken.