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D E P O R T E S a hipertrofiar unos cuantos músculos que luego se ostentarían, tensos, con orgullo estúpido. Las fórmulas más sencillas, más modernas, están en el contacto con el sol y la luz; en el excursionismo y la nieve, en el atletismo y las pruebas especiales más tarde para aquellos individuos que tuvieran aptitudes y fe en sus facultades bien administradas, p r e p a r a d a s en un trabajo continuado capaz de dar un rendimiento de títulos ya deportivos. Pero la gimnasia racional, el ejercicio ponderado, ha venido a ser necesario, imprescindible casi, en el hombre actual, que t r a b a j a intensámente, que sufre un desgaste y que necesita de una saludable restauración que neutralice las pérdidas, miás que normales extraordinarias, que a menudo proporcionan esfuerzos mentales y trabajos que requieren gran atención. En el hombre ordenado tales procedimientos gimnásticos no necesitarían de aparatos de ninguna especie. Sería suficiente dedicar diariamente quince minutos a fáciles ejercicíos físicos a la intemperie, en cualquier t i e m p o para que bien pronto los más difíciles parecieran sencillísimos. Pero ni esa atención es posible en estos tiempos en los que la palabra oro tiene su equivalencia en minutos... Los aparatos facilitan los procedimientos de gimnasia, haciéndolos desde el primer momento gratos y hasta entretenidos. Se aprecian los progresos, y ello solo es el mejor estímulo que el gimnasta p u e d e hallar como compensación á sus trabajos. Ello y el convencimiento de un progreso, de un mejoramiento que, al neutralizar todos los defectos perjudiciales, devuelve al or- ganismo su equilibrio perfecto y con él el sentido del optimismo que es conveniente para la luoha por la vida. Después de escrito lo que antecede, negar todo v a l o r al artefacto a que est a s fotografías se refieren, inventado por el profesor parisiense de educación física M. Sylvain, sería pueril; pero descubrirle como si se tratara de una extraordinaria maravilla, resultaría más incomprensible. Si un individuo no se siente con suficiente decisión para hacer la mejor gimnasia casera, que seria aque lia tenaz y constante en la que todos los aparatos e s t á n de más, es posible que este descubrimiento de M. Sylvain, como tantos otros dispositivos que cuentan con la aquiescencia general, resultara muy conveniente. El artilugío es, en efecto, de una simplicidad extraordínaria: un pie derecho metálico, fuerte y resistente, sujeto por su borde a una plataforma de mr. dera. A lo largo puede deslizarse un brazo, también metálico, con toda suerte de movimientos, y que, regulado por un contrapeso, pueden mover niños y adultos. Para la flexión de piernas se pueden utilizar unos topes que se fijan a ese brazo, y en los que se colorean las extremidades. Esto aparte, el aparato tiene una complicada serie de aplicaciones tan extensa, en opinión de su autor, como la gama de los deportes, lo que permite a cada espec i a l i s t a entrenarse en su casa en el ejercicio más adecuado a aquel que concretamente pract que. Sin embargo de ello, nosotros no nos atreveremos a decir que se trate de un invento, ni siquiera que resulte prácticamente una maravilla. (FOTOS VIDAL)