Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ESPECTÁCULOS extraordinarias. El d e s e m p e ñ o de la obra, admirable. Lucía Pastor, la saladísima tiple cómica, que creó la Menegilda, tuvo que repetir, entre grandes ovaciones, la canción ¡Pobre c h i c a -l a que tiene que servir... y el chotis del Elíseo M a d r i l e ñ o Yo soy un baile de criadas y fle horteras- -y. sobre todo, de cocineras... Manini, el antiguo barítono de ópera y de zarzuela grande, JAVIER DE BURGOS, AUTOR DE CADIz se destacó por su dis (FOTO REYMUNDO) tinción interpretando el Caballero de Gracia, cuyo precioso vals no ¡El barrio de la Viña y el Matadero, ha vuelto a oírse cantado con más gusto, y TMi a ser el asombro del mundo entero... estuvieron a la altura de su reputación los j j j j oficiales inMesejo, padre, ehijo, y. Julio Ruiz, haciendo j j los tres ratas. Todos fuimos ratas por aquella época; bastaba que en cualquier sitio inicia- to y las coplas del ciego... se uno la famosa jota: Dos pastores se acercan a u n árbol i Soy el rata primero! para que otro siguiese cantando... ¡T yo el segundo! y a continuación otro... ¡Y yo el tercero! También se hizo muy popular el coro de Marineritos. No quedó por entonces lugar donde no se cantaran todos los números de la preciosa partitura, que, con el mismo agrado que se oía en aquella época, continúa oyéndose al presente, y se oirá, sin duda alguna, en el porvenir. Cádiz, zarzuela en dos actos, libro de Javier de Burgos, se estrenó en Apolo el 201 de noviembre del 86. Su éxito corrió pareja con el de La Gran Vía, y, como aquélla, se representó infinidad de veces. El Marqués, papel serio de la obra, fué desempeñado por Ricardo Morales, antiguo primer actor dramático y coempresario del teatro; Sánchez Castilla hizo el Don Cleto; la Cecilia Delgado, s empre hermosa, la Mulata, y la genial Loreto Prado, que si entonces no lo era, lo fué más tarde, y sigue sienp o r miedo a u n g r a n t r u e n o que los sorprendió... dolo, una de las niñas que cantan el número de la borrachera. El héroe de la noche fué Julio Ruiz, un notable actor de mucha gracia, que se empeñó en a c a b a r consigo mismo y logró su objeto, desgraciadamente. Tres papeles distintos interpretó, y en los tres estuvo formidable: Fray Casto, Un ciego y Un negrito. Toda la música se oyó por partida doble, siendo los números que más llamaron la atención el pasacalle, cuya letra dice así: Y, por último, aunque debí citarle el primero, por su éxito y su popularidad inmensa, el pasodoble con que termina el primer acto, conocido vulgarmente por la marcha de Cádiz ¿Qué decir de este número, que ora alegró nuestros corazones, ora los conmovió en momentos difíciles para la Patria? ¿Habrá un solo español que no se lo seipa de memoria? Y voy a terminar este capítulo con la siguiente anécdota: Javier de Burgos, excelente sainetero y excelentísima jjersona, era gaditano y un enamorado de Cádiz, su patria chica, y de Cádiz, su obra. Una noche, en el saloncillo de Apolo, discutían él y otro compañero, sobre cuál pueblo era mejor, si el del uno o el del otro; llevaba la mejor parte en la contienda D. Javier, que abrumaba con chistes e ironías a su contrincante, cuando éste salió por la calle de enmedio, como vulgarmente se dice, y remató la discusión con las siguientes palabras: Desengáñate, Javier: lo único bueno de Cádis, es la música. Manuel Ternández de la Puente.