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r. RTRAS, ARTES. CIKXCIAñ ií Ng: íiívg la Gaceta. A pesar de la diligencia y buenos deseos de cuantos han intervenido en el asunto, lo copemos por los pelos, porque mañana es el fdtimo dia. Pero eso da igual. La cuestión es ue salga en la Gaceta, y ha de s alir. Duermo tranquilo. No bi n despierto, pido la Gacela. Horror No viene la Real orden. ¿Cómo es posible? Con tal premura me voy a la calle, ue ni siquiera echo al bolsillo los caramelos para la señorita Luz. Por más que, para! o que me han servido... Lleg- o jadeante. El ministro se asombra. El subsecretario. taml) ¡én. Y el director general. Hasta Ló ez muestra su asombro, respetuosamente, al suceso increíble. ¿Cómo pudo ser aquello? Sencillamente, porque al ordenanza se le olvidó llevar la orden de inserción a la Gaceta. La culpa es mía, lo reconozco. Pese a todas mis precauciones, se me olvidó contar con el último mono, C ue tantas veces suele ser en la vida el verdadero personaie. Augusto Martínez Olmedilla. I) Tn: RRTAR) (TT, T; STP. ACK) Xh: K