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LETRAS, ARTES, CIENCIAS el ré íimen, en 1923? De las t r i b u n a s la más amplia era la pública, p u e s t a encima del reloj, como advirtiendo que transcurre el t i e m p o sin cesar. Las otras localidades tenían carácter particular; el banco a z u l mostrábase en el lado derecho; en el fondo custodiaban, los maceros, y a la cabecera del salón aparecía el Trono pai- a los Reyes, pues, aun ausentes, se fíuardaban sus lugares como si asistieran al acto. Recorriendo e s t anclas suntuosas, dependencias Í n t e r asantes, g alerías atractivas, no se recuerda para nada el destino de aquel edificio. En una orden del día del m s de mayo de 1923, 6 ja en la pared, puede leerse cuándo se interrumpieron los trabajos de la Cámara parece estar todo desde entonces en suspenso, como deteni- GABINETE CONTIGUO M. do, y con ayuda de la imag iiiación sueño en cjue tal vez pasado el si. s lo XX, curiosos visitantes de palacios recorran el del Senado, dedicándole p a l a b r a s en las cuales se mezclen lamentos, lástimas y algunas- b e n é v o l a s frases, pues por aquellos lugares anduvieron hombres de talento y se escucharon discursos elocuentes, c ue ahora parecerían coplas de Calaínos. La Alta Cámara, según decíamos en otra época, nunca fué escenario donde cupiesen luchas, turbulencias, agitaciones y choques estruendosos. Los disc u r s o s pronunc ados en ella eran, comúnmente, parsimoniosos, blandos, melifluos. Allí nadie, o casi nadie, alisaba el (fallo. Las arengas exaltadas, las arrem e t i d a s implacables, los a p o s t r o f e s sanPTipntns, eran de otro v. M ipenas se com- ANTEDESPACHO DEt. QUE BHA PRESIDENTE DEL SENADO